El Estado Español se ha convertido en el segundo país del mundo que más
dinero invierte en investigación militar, según datos de la OCDE
(Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico). Este hecho se
puede valorar desde una perspectiva antimilitarista, que obviamente denuncia
este tipo de políticas, pero también se puede analizar desde el punto de
vista científico y tecnológico. Y desde esta óptica se hace patente la
ineficacia de esta vía de investigación para uso civil, no sólo por que el
coste es mucho más elevado, sino también por la inutilidad de la tecnología
militar aplicada a los usos civiles.
El ministro de Ciencia y Tecnología, Juan Costa, ha anunciado que el
Gobierno ha aprobado el Plan Nacional de Investigación, Desarrollo e
Innovación 2004-07 que, según explica, estará dotado de 20.000 millones de
euros, con los principales objetivos de "apoyar la promoción y producción de
conocimiento, así como la explotación y el acceso del mismo al conjunto de
la sociedad civil para contribuir a la modernización del país".
Lo que el ministro Costa no dice es que en el presupuesto para el 2004 el
31% del gasto será destinado a investigación y desarrollo tecnológico
militar, como ha denunciado la Fundació per la Pau.
El ministro Costa tampoco ha puesto en relación de forma pública unos
datos que indican que el dinero para investigación militar será el triple
del dedicado a investigación científica básica para financiar a las
universidades y al CSIC, 7 veces más que el dedicado a investigación
sanitaria, 27 veces más que el dedicado a investigación agraria y 38 veces
más que el dedicado a investigación oceanográfica y pesquera. Y dentro de
estos recursos la mayoría van a parar a diseño y construcción de once tipos
distintos de armamento, donde sólo 5 empresas vinculadas a la industria
militar (EADS-CASA, Santa Bárbara Sistemas, SENER, Izar e ITP) se llevan el
doble de dinero del que reciben en conjunto todas las Universidades
españolas y el CSIC para I+D civil, como denuncia la Fundació per la Pau.
En este número del CNT tratamos de analizar estos presupuestos desde el
punto de vista de las personas que se dedican a la investigación científica,
afectados por partida doble como ciudadanos y como profesionales. Ellos ya
se han organizado para evitar que el Estado español siga los pasos de EEUU
en esta carrera armamentística. Ya son 11 universidades las que han
renunciado a la investigación militar y más de 1000 los científicos
objetores.