El papel de la ciencia y la tecnología en la mejora de
las condiciones de vida de los que habitamos en esta parte del mundo es
algo que muchos de nosotros tenemos más o menos presente. Con una
perspectiva más amplia -en el tiempo- podemos afirmar que la "técnica", la
adquisición de instrumentos, ha marcado ciertos hitos en el proceso de
evolución humana, como señalan por ejemplo E. Carbonell y R. Sala en su
libro Aún no somos humanos. De esta forma, podemos contemplar la evolución
como un proceso de humanización en el que a través de la adquisición de
ciertas técnicas, valores, etc... y el abandono de otras, nos alejamos de
"lo primate" y nos acercamos a lo que nos define como más humanos y menos
animales. Ilustración de Saña
Pedro C. Álvarez
Subsisten, sin embargo, ciertos usos que hacen que
estemos más cercanos a lo "primate-animal" de lo que a veces somos
conscientes. Uno de estos es, sin duda, la utilización de la ciencia y la
tecnología -algo puramente humano- para el control de los recursos y la
protección o expansión del territorio, igualando nuestro comportamiento al
de los primates menos evolucionados.
Presupuestos en I+D
Y este es el camino que hemos tomado en los últimos
años en España, apostando fuertemente por una investigación y desarrollo (I+D)
tecnológico destinado a la producción de ‘cacharros’ que sirvan a tales
fines: el avión de combate Eurofighter, el tanque Leopard, las fragatas
F-100,... Efectivamente, desde el año 1997, y sin ningún tipo de debate
social -y por tanto con el absoluto desconocimiento de la mayoría de los
ciudadanos y ciudadanas de este país-, el gobierno ha multiplicado al
menos por 5 los gastos en investigación militar, pasando de los 290
millones de euros que se presupuestaban en el año 1996, a los 1491
millones de euros presupuestados en el año 2002 (ver figura 1). Para el
próximo año 2004, las partidas destinadas explícitamente a I+D militar en
los presupuestos generales del Estado ascienden a 1373 millones de euros
(228.445 millones de pesetas), lo que representa el 31,2% de todo lo
presupuestado en I+D. Dicha cantidad podría elevarse aún más, hasta el
44%, dado que al igual que se viene haciendo en los últimos años, existe
otra partida de 561 millones de euros cuyo destino, civil o militar, no
queda claro.
Esto, con ser importante, no refleja toda la gravedad
de lo que ocurre en el estado español con la I+D militar. Existen dos
datos que muestran de forma mucho más clara qué es lo que sucede. Por un
lado, y de acuerdo con los datos nada sospechosos de la OCDE relativos al
20011, España se ha convertido en el segundo país de la OCDE -por tanto
del mundo-, después por supuesto de EE.UU., en inversión en I+D militar,
superando incluso a potencias nucleares como el Reino Unido o Francia. Por
otro lado, y con cantidades que rondan el 0,9% del PIB (para el próximo
año se prevé un 0,96%), seguimos a la cola de la UE junto con Grecia y
Portugal en inversión en I+D global. La media de la UE ronda el 2%, con
países como Alemania con el 2,5% o como Finlandia y Suecia que están entre
el 3 y el 4%.
Esto se traduce en unas diferencias indignantes en lo
que se refiere a los destinos de la inversión pública en investigación en
España. Así por ejemplo, el dinero dedicado a la investigación con fines
bélicos es 7 veces el que dedicamos a la investigación sanitaria, o 27
veces el dedicado a investigación agraria, o 37 veces el dedicado a
investigación oceanográfica y pesquera (ver figura 2). Y así, la principal
fuente de financiación pública de los grupos de investigación de las
universidades y el CSIC, que según los propios presupuestos generales
"canaliza (...) las ayudas concedidas a investigadores potenciando la
investigación básica de calidad en todas las áreas de conocimiento"2,
recibe únicamente 457,4 millones de euros, apenas un 10,4% del total de
los gastos de I+D presupuestados para el 2004.
¿Y en qué se gastan los presupuestos de la I+D
militar?
En los últimos años los programas que han absorbido la
mayor parte de la I+D militar han sido:
El Eurofighter: Avión de combate ("avión de
superioridad aérea con capacidad de ataque a superficie" como lo definen
en la página web del Ministerio de Defensa) desarrollado por Alemania, el
Reino Unido, Italia y España. El gobierno español se ha comprometido a
comprar 87 unidades con un coste estimado de unos 100 millones de euros3
por aparato.
El Leopard 2E: Carro de combate alemán del que España
comprará 219 unidades. Este es uno de los ejemplos más significativos de
lo que constituye la investigación militar que se hace en España. Este
carro de combate ya estaba diseñado y lo que se ha hecho con la versión
española es modernizarlo, que según el propio Ministerio de Defensa,
consiste en ponerle aire acondicionado, un sistema GPS y dotarle con un
gas especial que se "come" el oxígeno en caso de incendio en el interior
de la cabina.
Las Fragatas F-100: Fragatas de desarrollo español de
las que el ministerio adquirirá 4 unidades entre los años 2002 y 2007.
Pero es que en el año 2003 esta lista se amplió para
incluir doce nuevos tipos de armamento (helicópteros de ataque Tigre,
carro de combate Pizarro, submarino S-80, misil IRIS-T para el Eurofighter
y el F-18, versiones militares de los Airbus A310 y A330...) que
hipotecarán ingentes cantidades de dinero público durante los próximos
años.
El "supuesto" beneficio de la tecnología militar
Uno de los argumentos más usados por algunos a la hora
de defender el gasto en I+D militar se centra en las aplicaciones civiles
que después tienen tecnologías desarrolladas en el ámbito militar. Este
argumento es tan viejo como caduco, además de falso, y si se sigue
utilizando es por la falta de información fuera de los ámbitos más
especializados y por otros intereses de los que no hablaremos aquí.
Apareció por primera vez después de la segunda guerra mundial en los EE.UU.,
donde se denominó "spin-off" a este supuesto efecto positivo de la
industria militar sobre la civil. Pero poco después, a principios de los
70, después de diversos análisis de los economistas alrededor de la crisis
económica de los EE.UU. por aquellas fechas, se vio que en realidad el
fuerte peso de la industria militar y de la inversión en tecnología
militar estaba suponiendo un importante problema para la competitividad de
las empresas americanas. Al lado tenemos el ejemplo de Alemania y Japón,
dos países destruidos después de la segunda guerra mundial, a los que se
les prohibió expresamente toda investigación con fines militares al ser
los perdedores de la misma, y que en sólo 25 años se convirtieron en
auténticas potencias tecnológicas con un dinamismo muy superior al
americano o al ruso.
Pero existen muchos más argumentos que tiran por tierra
el beneficio positivo de la investigación militar. Numerosos estudios
realizados sobre patentes indican que sólo un 10% de las patentes
militares tienen potencialmente algún uso civil. Sabemos también que el
desarrollo de cualquier producto es hasta 20 veces más barato por la vía
civil que la militar. Y esto es así porque las especificaciones necesarias
en el ámbito militar no tienen nada que ver con las de los productos de
uso civil.
Y, sin embargo, no somos capaces de ver algo que los
economistas han definido perfectamente, y que es el costo de oportunidad.
El dinero que se invierte en I+D militar se deja de invertir en
investigación y desarrollo de tecnologías que realmente estén al servicio
de la humanidad, que contribuyan a un mayor desarrollo humano, que mejoren
la calidad de vida de los millones de personas que habitamos en todos y
cada uno de los rincones de este planeta. Esto supone sin duda un freno al
desarrollo tecnológico, en tanto en cuanto unos avances se apoyan en
otros. Y así, por ejemplo, enfermedades que se podrían curar dentro de un
par de años, es posible que tengan que esperar décadas. Por el contrario
nos dedicamos a alimentar la investigación militar, siguiendo el ejemplo
de los Estados Unidos de América. Recordemos que desde la segunda guerra
mundial no ha habido una sola década en la que EE.UU. no se haya
involucrado en una guerra. El principio del ciclo armamentista está en el
diseño y desarrollo de nuevas armas, después viene la producción, la venta
y finalmente el uso. Y lo que en EE.UU. se conoce como complejo
militar-industrial (bautizado así por el general y presidente Eisenhower)
no puede permitir que el ciclo se pare.
Campaña: "Por la Paz: No a la I+D militar"
Desde el año 1999 la Fundació per la Pau, en
colaboración con otras asociaciones, desarrolla la campaña "Por la Paz: No
a la I+D militar" (www.noalainvestigacionmilitar.org) cuyo objetivo es dar
a conocer a la opinión pública en general, y a la comunidad científica y
universitaria en particular, la realidad actual de la investigación
militar tanto en el mundo como en España. Entre las actividades que
desarrollan cabe destacar por su singularidad e importancia, el fomento de
la objeción científica (negativa de los investigadores a participar en
proyectos de investigación con fines militares), habiendo conseguido que
más de 1000 científicos e investigadores se hagan objetores.
(1) Ver el Informe 2003 de la OCDE sobre el estado de
la ciencia, la tecnología y la industria.
(2) Presupuestos Generales del Estado 2004, Subprograma
541 A.
(3) Boletín Oficial de las Cortes Generales - Senado.
Serie I: Boletín General de 28/11/2002. num. 545.
Pedro César Álvarez Esteban es licenciado en
matemáticas (especialidad de estadística) por la Universidad de Valladolid
(1992).
Desde 1996 es profesor titular de escuelas
universitarias en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa
de la Universidad de Valladolid.