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Actualidad
cnt
n°298 febrero 2004
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4
Redacción
U
tilizando la analogía del libro de
Neal Stephenson "En el principio...
fue la línea de comandos", el mer-
cado informático sería como un
cruce de carreteras donde se em-
plazarían varios puntos de venta de coches: en
los inicios, había una tienda grande -Microsoft-
que vendía motocicletas cutres y ruidosas, pero
baratas y fáciles de reparar, y una pequeña
tienda rival (Apple), que empezó vendiendo
coches caros y atractivos, con los mecanismos
herméticamente sellados. La tienda grande res-
pondió sacando al mercado un monovolumen
colosal -Windows 95- con el encanto estético
de un bloque soviético de viviendas para obre-
ros, que perdía aceite por doquier y estallaba
las bujías, pero que resultó un éxito tremendo
porque seguía siendo más barato y fácil de re-
parar que los sedanes Apple.
Desde entonces ha habido un montón de
ruido y gritos, pero poco ha cambiado. La
tienda pequeña sigue vendiendo elegantes
sedanes para su exclusiva y reducida clien-
tela. La tienda grande sigue fabricando apa-
ratosos monovolúmenes. Al otro lado de la
carretera hay dos competidores más recien-
tes. Uno de ellos vende batmóviles plena-
mente operativos (los BeOS), mejores y más
baratos que los anteriores, con una excep-
ción: Linux, que está enfrente de las demás
tiendas y no es un negocio en absoluto, sino
un conjunto de tiendas de campaña, tipis y
cúpulas geodésicas levantadas en un prado y
organizadas por consenso. La gente que vive
allí fabrica tanques gratis y voluntariamen-
te, hechos de materiales de la era espacial y
llenos de sofisticada tecnología de arriba aba-
jo. Nunca se averían, son lo bastante ligeros
y maniobrables como para usarlos por la ca-
lle y no consumen más combustible que un
coche compacto. Hay un número enorme de
ellos alineados junto a la carretera con las
llaves puestas; cualquiera puede simplemente
montarse en uno y marcharse con él. Pero los
compradores de coches prefieren ir a la tien-
da grande, atraídos por sus fastuosas cam-
pañas de publicidad, y cuando pasan por
delante del chiringuito Linux fruncen el
ceño: ¿cómo puede ser bueno algo que es
gratis? Y además ¡todo el mundo compra mo-
novolúmenes!
Así nos pinta el panorama el programador
y autor de ciencia-ficción Neal Stephenson
para descubrirnos el empeño que existe por
parte de los fabricantes de software en ocul-
tar cómo funcionan realmente los ordenado-
res. Las interfaces gráficas simplifican el uso
de los PC, pero al precio de que se viva la tec-
nología como algo mistificado, mágico, sin
conexión con quien la utiliza.
Autogestión informática
vs. software pro-
pietario.
¿Quién hoy en día no ha usado un sistema
operativo Microsoft? Si nunca te has senta-
do delante de un cacharro que al arrancar no
lance la bonita melodía de inicio de Windows,
debes saber que nunca has trabajado con he-
rramientas fuera del circuito del llamado soft-
ware propietario.
Pasarse al software libre significa recon-
quistar el control sobre la propia máquina,
pero esto no es posible sin esfuerzo. El en-
voltorio del software libre no es lujoso, ni se
anuncia en televisión, y lo que es más sos-
pechoso, no hay que pagar por él, y lo que
ya da pereza definitivamente, es que te lo
tienes que currar tú. Es necesario un perio-
do de familiarización con un entorno que tie-
ne muy poco que ver con la rigidez de
Windows o MacOS. Hay que configurar el sis-
tema según el tipo de uso que se le quiera dar
a la máquina (no es lo mismo un servidor de
Internet que un ordenador para usar en casa)
e implica un cierto conocimiento de los co-
mandos básicos de UNIX
1
. Claro que, si no te
ves capaz, siempre puedes invitar a un ami-
go linuxero a que te lo instale en casa. Una
vez configurado y conectado a Internet, en
la propia red se encuentra todo lo necesario
para avanzar en el manejo del sistema, in-
cluyendo infinidad de gente en listas y foros
linuxeros dispuesta a echarte una mano. Los
usuarios de software libre se ayudan mutua-
mente, intercambian trucos y soluciones y
están al tanto de la marcha de la comunidad,
de los problemas y retos. Se trata de un ejem-
plo de trabajo en red y de inteligencia colec-
tiva distribuida.
Historia del Software Libre.
Hacia la década de los 80, la mayoría del soft-
ware se había vuelto propietario, es decir, te-
nía dueños que prohibían y evitaban la
cooperación entre los usuarios. Esto propició
que en 1983 el programador Richard Stallman
concibiera la Fundación del Software Libre
(FSF en sus siglas en inglés) y en esta el pro-
yecto CURSIVAGNU's not UNIXCURSIVA (GNU)
como una forma de posibilitar nuevamente la
cooperación saltando los obstáculos impues-
tos por los dueños del software propietario.
El proyecto GNU consistía en el desarrollo
de un sistema operativo y juego de aplicacio-
nes totalmente libre y compatible con UNIX.
El proyecto incluía desarrollar una versión li-
bre de cualquier aplicación que no se facilite
de forma libre. Así, una computadora podría
estar equipada con 100% software libre y cum-
plir cualquier función; esto incluía el sistema
operativo y todos los programas que uno ne-
cesite para cualquier uso. En 1990 se habían
encontrado o escrito la mayoría de los com-
ponentes mayores del sistema operativo ex-
cepto uno: el kernel o núcleo
2
. En esas
estamos cuando, en 1991, Linus Torvald, un
informático finlandés, crea un sistema opera-
tivo nuevo, que ofrece a UNIX. Al ser recha-
zado, lo comenta en la red y distribuye el
núcleo del sistema, bautizado como Linux,
con el código fuente
3
abierto, con el ánimo de
que los informáticos que pululan en internet
lo analicen, critiquen y mejoren. Combinan-
do Linux con el resto del sistema GNU se lle-
gó a la meta inicial de un sistema operativo
libre: el sistema GNU basado en Linux, un con-
glomerado de piezas alrededor de un núcleo
que vive continuamente en desarrollo.
El creador de Linux sólo quería hacer algo
distinto, pero su creación cambió el mundo
de la informática. Los primeros programado-
res del software libre -Alan Cox, John Mad-
dog Hall, Dave Miller, Richard Stallman- son
hoy en día los filósofos de una corriente nue-
va: lo más innovador de Linux no fue su có-
digo fuente, sino la maquinaria social que ha
impulsado a su alrededor.
Como una enredadera, no como un árbol.
Linux se desarrolla gracias a un grupo no es-
tructurado de programadores y usuarios de
todo el mundo unidos a través de Internet, que
sacan el producto con el código abierto y re-
visan los fallos entre todos, aportando su tiem-
po y ayuda de forma tanto al núcleo como al
resto de las aplicaciones. Y lo hacen por el
propio placer de hacerlo, de modo voluntario
o en función de necesidades diversas y no de
las leyes del mercado.
De todo esto resulta un sistema de alta ca-
lidad tecnológica, con menos errores que los
sistemas comerciales, a un costo cero o muy
bajo y con la disponibilidad del código fuen-
te que permite aprender, modificar o ayudar
al desarrollo del sistema.
GNU/Linux se adapta a las necesidades es-
pecíficas de los usuarios: puede ser copiado,
modificado y redistribuido sin restricciones, al
contrario que el software propietario que dis-
El software será libre o no será
Una introducción a la autogestión informática
¿Te has preguntado alguna vez por qué tienes que pagar más de 300
por un paquete que pone "Windows"? ¿Has tenido que
cambiar de cacharro para que este no se asfixiara bajo el peso de un sistema operativo desmesuradamente grande? ¿Sabes que
tu empresa paga por cada ordenador que esté usando
material de Microsoft o Apple? Si no, es hora de que conozcas la
diferencia entre software propietario y software libre, y por qué la importancia de su existencia rebasa los límites puramente
informáticos y tiene en jaque a los dueños del mundo "civilizado".
Lo importante es la existencia del trabajo en equipo, no
el mero hecho de compartir software, la cooperación
que quita a la información el valor mercantilista y
agresivo que le confiere el poder y la transforma en un
derecho. El objetivo de fondo es la libertad del
conocimiento, que la información no tenga dueño sino
que sea algo compartido de forma cooperativa, donde
todo el mundo tenga algo que añadir, que no se pueda
utilizar como moneda ni arma
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