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Opinión
cnt
n°298 febrero 2004
2
233
Antonio Martínez
S.O.V. de la CNT de Córdoba
D
icho acuerdo da respuesta,
según señalan sus firmantes, a
un problema de hondo calado en
la sociedad española, problema
incubado en el sensacionalismo
y la alarma social y alimentado por una con-
ciencia xenófoba en un proceso de retroali-
mentación circular que podríamos simplificar
en el eje: inmigración-marginación-delin-
cuencia-alarma mediática-miedo-rechazo-
marginación...y vuelta a empezar.
Como toda decisión política, la decisión
de repatriar a los menores inmigrantes tiene
una justificación pública caracterizada por lo
políticamente correcto y una justificación
real, que permanece oculta de cara a la ciu-
dadanía porque de hacerse explícita podría
acarrear ciertos costes políticos, necesitan-
do de un esfuerzo adicional para su justifi-
cación y, por tanto, para la digestión social
de la misma. Evidentemente, y con intención
de no ser demasiado simplista, hay que decir
que dicha dualidad justificativa no suele ser
tan clara, compartiendo ambos espacios cier-
tos trazos de certeza, introduciéndonos en
el terreno de los matices y las medias ver-
dades, lo cual aporta mayor poder de con-
vicción a la justificación pública de dicha
decisión política.
En el caso que nos ocupa, la justificación
pública se ampara en lo que en la legislación
relativa a los derechos de la infancia se deno-
mina "interés superior del menor". A tenor
tanto de dicho principio como de las estipu-
laciones contenidas en la Convención de
Derechos del Niño de Naciones Unidas y en las
diferentes disposiciones legales tanto estata-
les como autonómicas, deberíamos reconocer
que la opción prioritaria ante la presencia de
un menor extranjero no acompañado en un
país diferente del suyo sería la reagrupación
familiar en su país de origen, siempre que
dicha reagrupación sea acorde con la salva-
guarda del interés superior de ese menor (ver
Informe del Defensor del Menor recientemen-
te publicado: www.defensordelmenor-and.es).
Visto así, la repatriación (reagrupación)
de los menores inmigrantes responderían a
una lógica acorde con los criterios de defen-
sa del menor establecidos tanto de nivel
internacional como estatal y autonómico.
Por tanto, perfecto. Nuestro gobierno y el de
Marruecos demuestran una gran sensibilidad
hacia esta desfavorecida porción de la infan-
cia mundial y, por fin, han decidido hacer
algo por su bienestar.
Sin embargo, como señalaba antes, exis-
te a mi entender una justificación oculta de
esta medida que poco tiene que ver con el
bienestar de la infancia y la rebosante bon-
dad de quienes nos gobiernan. Dicha justifi-
cación sitúa el receptor del bienestar busca-
do no tanto en los menores inmigrantes
desamparados cuanto en la sociedad que los
acoge. Es decir, no se trataría de mejorar las
condiciones de estos niños a través de la vía
"vuelve a casa por navidad", sino de quitar-
se de encima una "mosca cojonera" que tanto
incomoda a nuestra sociedad. Una sociedad
que quiere vivir tranquila, sin sobresaltos,
sin incómodas imágenes que perturben su
exquisita sensibilidad, imágenes que no le
recuerden que hay otros mundos y que, ade-
más, están en este.
La reagrupación familiar (repatriación) de
estos menores con las garantías suficientes
para salvaguardar su "interés superior" impli-
ca profundos cambios estructurales en su país
de origen, que en la inmensa mayoría de los
casos es Marruecos. Cambios que deberían ir
dirigidos fundamentalmente a la mejora de
las condiciones de vida de una parte impor-
tante de la población que no obligarán a
mayores y niños a jugarse la vida en las trai-
cioneras aguas del Estrecho para intentar
salir adelante. Y esto, creo yo, no viene reco-
gido en el acuerdo entre ambos estados.
Sobre la tan cacareada necesidad de mejo-
ra de los servicios de protección infantil en
Marruecos para que puedan hacerse cargo de
estos menores con unas mínimas garantías,
no señalaré nada, al fin y al cabo aquí no
hemos sido capaces de solucionar "el proble-
ma", teniendo en cuenta que, según nos
dicen, tenemos un sistema de protección
moderno y eficaz que nada tiene que envi-
diar a los sistemas de protección de los paí-
ses más desarrollados del mundo occidental.
Mucho me temo que en Marruecos debería
cambiar algo más que el sistema de protec-
ción de menores, pero no es mi objetivo en
este artículo analizar la realidad marroquí
(no me veo capacitado), sino mirar en mi
propio patio.
Curiosamente, con esta supuesta medida
de protección en que quieren convertir la
repatriación de menores, pueden conseguir y
sin duda conseguirán el efecto contrario, es
decir, poner en serio riesgo la integridad de
estos menores ya que, casi con total seguri-
dad, una vez estén en Marruecos intenten
volver a España. Al fin y al cabo, cuando lle-
guen a Marruecos volverán a encontrarse con
aquello por lo que decidieron marcharse. Una
vuelta que, evidentemente, no realizarían en
la clase turista de un ferry sino en una pate-
ra, entre los ejes de un camión o camuflados
entre su carga, con el consiguiente riesgo
para sus vidas. Ya tenemos algunos ejemplos
de menores que han sido repatriados en
varias ocasiones y al poco tiempo se encon-
traban, de nuevo, entre nosotros.
Por otra parte destaca frente a la concep-
ción de la repatriación como medida de pro-
tección de estos menores, la consideración de
la misma como castigo hacia aquellos meno-
res que no cumplan con las expectativas que
se tienen sobre ellos, es decir, para aquellos
menores que, o bien no se adapten al siste-
ma de protección, o bien cometan delitos de
forma continuada. Esta consideración, que ya
se está dando actualmente al menos en forma
de amenaza, de la repatriación del menor
como castigo convierte una supuesta medi-
da de protección en el último estadio del
esquema de reforma. Una fase exclusiva para
estos menores ya que a los menores españo-
les que visitan demasiado a menudo los cen-
tros de reforma por comisión continuada de
delitos no se les envía a otro país como medi-
da coercitiva. Al hilo de lo dicho, recordar las
declaraciones de Gonzalo Robles, Delegado
del Gobierno para la Extranjería y la
Inmigración, en las que establece un núcleo
duro de menores compuesto por unos 350 de
un total de 3.000 que se situarían en prime-
ra línea de repatriación debido a sus "gran-
des dificultades para la integración" (El País,
15/01/04). ¿De qué hablamos entonces, de
protección o de sanción?
Concluyendo, la repatriación (reagrupa-
ción) de los menores inmigrantes no acom-
pañados no es más que la respuesta al
desinterés, y la incapacidad derivada del
mismo, por conseguir la inserción social, el
desarrollo y bienestar individual de unos
niños a los que se les ha despojado de su con-
dición de menores para convertirlos en un
simple problema social, un monstruo inma-
nejable que no es más que la imagen viva de
la realidad que no queremos ver. Una reali-
dad de injusticia, miseria, explotación y
genocidio de una pequeña parte del mundo
sobre la inmensa mayoría de sus congéneres.
Antonio Martínez realiza este artículo
desde la sensibilización hacia este colectivo
y desde el conocimiento que le ha dado su
experiencia profesional: cursos de forma-
ción específicos, coordinación de un centro
de protección de menores inmigrantes y su
actual ocupación como psicólogo en un
programa de acogimiento familiar para
dichos menores.
Curiosamente, con esta
supuesta medida de
protección en que quieren
convertir la repatriación de
menores, pueden conseguir
y sin duda conseguirán el
efecto contrario, es decir,
poner en serio riesgo la
integridad de estos
menores ya que, casi con
total seguridad, una vez
estén en Marruecos
intenten volver a España.
Al fin y al cabo, cuando
lleguen a Marruecos
volverán a encontrarse con
aquello por lo que
decidieron marcharse
Menores inmigrantes:
el espejo de un fracaso
En las últimas semanas, los menores inmigrantes vuelven a estar de actualidad. En esta
ocasión, al menos, no en las oscuras y morbosas páginas de sucesos de cualquier diario
local como protagonistas de algún robo, agresión o consumo colectivo de sustancias
tóxicas en una céntrica plaza de nuestra localidad. En esta ocasión su protagonismo se
fragua en las más altas esferas políticas, en virtud del acuerdo alcanzado entre el estado
español y el marroquí para su repatriación.
ALMAIREDA
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