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Pollo a la Pantoja
Mujeres y Anarquismo. Reseña de libros
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Cultura
cnt
n°299 marzo 2004
2
244
Todo o nada
Dirección: Mike Leigh
Guión: Mike Leigh
Interpretes: Timothy Spall, Lesley Manville,
Alison Gardland, James Corden, Ruth Sheen
Montaje: Lesley Walker
Fotografía: Dick Pope
Producción: Jeremy Thomas
Música: Andrew Dickson
Reino Unido, Francia 2002
128 min
Germinal
E
l cine que se realiza en el Reino Unido
de la Gran Bretaña ha tenido una
corriente que siempre ha mirado hacia
los mundos más cercanos. Desde aque-
llas entrañables películas de "trenes",
porque siempre aparecía un ferrocarril, de la edad
dorada del Imperio hasta las más recientes críticas
sociales de Frears, Loach o Sheridan, pasando por
los jóvenes "airados" del "Free Cinema" con
Richardson, Anderson o el inclasificable por lo
demás, Karel Reisz a la cabeza. A pesar de sus evi-
dentes diferencias estéticas y contenido ideológi-
co, en todas ellas se puede encontrar el hilo común
de una visión que podríamos denominar "optimis-
ta". Las primeras de auto-complacencia por la socie-
dad que se vivía donde el "bobby" era un buen
hombre que se dedicaba a solucionar los problemas
que tenía la tía Mildred con su gato o el retraso de
un tren se convertía en un asunto nacional (¡qué
tiempos aquellos para la British Railways!). Las
segundas, por la con-
fianza en que era posi-
ble cambiar el mundo.
Son luchas ofensivas,
se piensa que todo es
factible, que había que
pedir lo imposible.
Finalmente, en las
películas de Loach, por
ejemplo, a pesar de su
aparente negritud des-
tacan las llamadas a la
rebeldía. No es una
actitud ofensiva, sino
defensiva. Los tiempos
no dan para más.
Como ha enseñado la
historia, tras la social-
democracia siempre
viene el totalitarismo.
Pero, al menos, los oprimidos, quienes sufren, pien-
san que todavía es posible la rebelión.
Nada de lo anteriormente dicho aparece en Todo
o nada la película de Mike Leigh recientemente
estrenada. En ella los protagonistas han asumido
su situación de tal forma que no hay ningún hori-
zonte más allá de la salida individual, todo lo más
dentro de la unidad familiar. Son personajes tan
castrados que están dibujados, incluso, de forma
"naif". El taxista, cuando percibe que la histrióni-
ca marchante de arte que lleva a un lujoso hotel
está tan fastidiada como él, reflexiona que debe
cambiar. Su situación, su explotación laboral, su
penosa vida familiar, sus destrozados hijos, su abne-
gada mujer no son sino resultado de sus propias
experiencias personales. No hay ninguna conjetu-
ra sobre la responsabilidad en ella de la estructu-
ra del mundo en el que vive; de los beneficios que
se lleva el dueño de la emisora; de por qué existen
esos hoteles de lujo y por qué vive él en una col-
mena que llena el suburbio. Las cosas son como
son y no pueden ser de otra manera. Sólo queda
para seguir viviendo refugiarse en el amor. Un sen-
timiento que les permitirá superar las mil y una
pruebas a las que le somete la vida: la enfermedad
del hijo hiper-obeso o el embarazo involuntario de
la adolescente.
No sé si Leigh ha querido hacer una película
nihilista. Si no es así, lo parece. En cierto sentido
recuerda las películas del finés Aki Kaurismäki.
Aunque, en mi opinión, esta va más allá. Se disec-
ciona una situación como si se realizara una autop-
sia del cadáver de un desconocido del que no
sabemos nada, que sólo es carne y huesos en los que
se hunde el bisturí. Como toda buena obra no te deja
indiferente. Es cierto que el espectador no sabe a qué
carta atenerse. Si la descripción incluye una carga
de denuncia o si, por el contrario, no existe o al
director no le interesa mostrarla. En cualquier caso,
película sombría que refleja a la perfección los no
menos tenebrosos tiem-
pos que vivimos. Un
mundo lóbrego que ni
siquiera puede iluminar
vivir en el confort de la
sociedad del "primer
mundo". Una vez más
se pone de manifiesto
que la sociedad nacida
de la Ilustración poco
más puede dar de sí. Ni
en la "vieja" Europa ni
en el "nuevo" imperio
USA. Basta con echar
una mirada alrededor.
Los fuegos artificiales
de la televisión o del
derroche no pueden
arrojar luz sobre las
tinieblas de las desi-
gualdades, del terrible incremento del embruteci-
miento de las masas. El camino hacia el fascismo está
siendo empedrado a conciencia.
De todas formas no hay que desesperar. Es posi-
ble que Leigh haya querido mostrarnos de una forma
aséptica la situación. Que piense que en la des-
cripción está incluida la denuncia. Quizás sea así.
Por lo menos yo quiero pensar que es de esa forma.
No es posible creer que la historia haya llegado a su
fin. Eso siempre lo han creído los poderosos de todas
las sociedades y han intentado, de todas las formas
posibles, que así lo creyeran todos sus súbditos. Pero
siempre han existido los disconformes, los hetero-
doxos, los irresponsables, que han intentado rom-
per el estado de las cosas. Que pensaron que es
posible vivir de otra forma; que la vida social es un
asunto de todos; que lo que hay que administrar son
las cosas no a los hombres.
La nada social
gastronomía
cine
Una vez más se pone de manifiesto
que la sociedad nacida de la
Ilustración poco más puede dar de sí.
Ni en la "vieja" Europa ni en el
"nuevo" imperio USA. Basta con echar
una mirada alrededor. Los fuegos
artificiales de la televisión o del
derroche no pueden arrojar luz sobre
las tinieblas de las desigualdades, del
terrible incremento del
embrutecimiento de las masas. El
camino hacia el fascismo está siendo
empedrado a conciencia
Rita Formés
¡L
o que hay que ver! Me piden que
hable de la simple receta del pollo
a la Pantoja. Pobre pollo al que se
le anexiona el apellido de la com-
pañera sentimental del ex-alcalde
de marbella Julian Muñoz, sobrenombre
más certero: Robin Caco de los Pobres y su inse-
parable Marian, polifacética Pantoja: empresaria
explotadora de su restaurante en Fuengirola, can-
tante con desatino, cocinera por placer, que no
por necesidad, y la comidilla (complacida) de los
progamas y revistas del dramático corazón.
¡En fin! dejemosnos de hablar de los susodi-
chos o al final me archivarán como recetario de la
prensa rosa... Me suena más a mofa que no a inte-
rés el haber pedido esta receta a la sección gas-
tronómica del cnt.
Sin más rodeos y como recitó Benedetti: "cons-
truyamos puentes y no muros", ire con la expli-
cación de los preparativos para cocinar el pollo a
la pantoja y ¡OLE!
RECETA PARA CUATRO PERSONAS:
Ingredientes:
Un pollo, limpio y troceado en octavos
Dos tomates
Una cebolla
Un pimiento verde
Tres dientes de ajo aplastados
Aceite de oliva
Dos vasos de agua
Un chorro de cerveza
Una hoja de laurel
Un poco de pimienta
Un trozo de cayena
Tomillo y romero fresco
Sal
Se pone el pollo en una cazuela con el acei-
te y se rehoga.
Cuando este rehogado se saca y se reserva.
Usando el mismo aceite, se pone la cebolla
picadita y los ajos, los pimientos y los tomates,
todo en trocitos pequeños.
Cuando este pochada la cebolla se le añade
el pollo y la cerveza, se deja unos minutos.
Se pone el agua, el tomillo, el laurel, la
pimienta, la sal y la cayena.
Se deja hervir, a fuego lento, a gusto de cada
uno y se sirve.
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