Una noche con Jaime Gil de Biedma
cnt
n°299 marzo 2004
Cultura
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teatro
Poesía
Arnold Layne
E
a Sala de la Princesa es un lugar
recoleto y encantador, teatro de bol-
sillo a la antigua usanza, por 7,50
euros, los miércoles, es posible evo-
car mundos perdidos y sensaciones
inmarcesibles. Este invierno en que el pacto
entre socialistas y nacionalistas republicanos
escuece e irrita a los centristas, la gauche divi-
ne catalana se reencuentra con los viejos carro-
zas y, de soslayo y sin acritud, la entrañable
discusión entre poesía elitista o poesía social se
insinúa en el seno de la cultura estatal, medio
año después de la muerte del más prolífico de
los nueve novísimos de Castellet, Vázquez
Montalbán.
Intentemos una interpretación suavemente
sesgada, aun cuando posible en la perspectiva
del tiempo ido y recuperado. Biedma, en off, se
declara de izquierda, aunque ya no ejerce, al
comienzo de la representación; su actitud no es
la de Lorca, gay confeso en el centro de la gue-
rra fratricida y sin posibilidad de transgredir su
barraca cultural. Más afín a Cernuda, este poeta
de los sesenta buscó liberar sus demonios perso-
nales encastillado en la acogedora torre de mar-
fil, hoy imposible a causa del peligro de extinción
que amenaza a estos gigantescos herbívoros; el
elefante ha conseguido atravesar el ojo de la
aguja y la premonición se ha cumplido: la poe-
sía, ese arma cargada de futuro, vindica lo que
era imposible en 1956, que, junto a la vitrina del
estanco dos miradas se crucen e insinúen el deseo
prohibido, la antaño furtiva aproximación de los
cuerpos es ahora ostentosa ciudadanía, las manos
y los labios juntos imagen cotidiana cuando la
primavera despunte de nuevo...
Hay más sugerencias en esta dramatización
escénica de la poesía de Biedma: alusiones al
fracaso inevitable de las parejas heterosexuales
de tendencia utópica que persiguen perpetuarse
en el tiempo enfrentándose a su obsoleta adver-
sidad; una pizca de cáustico cachondeo a costa
de la trinidad divina (si Dios es omnipotente,
¿por qué se limita a ser sólo tres personas?); una
escenografía minimalista de vocación rococó que
es ahuyentada por la poderosa gravedad y ele-
gante control del actor, nunca enfático en su
asunción del verbo poético, pues el espectador,
más oyente que espectador, incluso acertará ple-
namente si cierra los ojos y se deja mecer y
estremecer por la lucha entre la palabra y el
sentimiento que es la esencia de la poesía; una
fusión temporal que es constantemente realza-
da por la sensibilidad de la muy afrancesada
Silvia Comes, tan existencialista en los subraya-
dos musicales.
Y el público, hecho a la medida de la obra, si
la impresión del miércoles 21 de enero no me
engaña (aplausos entusiastas que hicieron salu-
dar tres veces a los oficiantes de tan sadomaso-
quista ceremonia).
Evidentemente, el productor ejecutivo, Juanjo
Seoane, ha intervenido en el concepto final,
como el programa de mano acredita; un produc-
to de la diseñitis que campa a sus anchas sin
prejuicios (bienvenida sea si ayuda a que la per-
cepción estética continúe en alza). En definiti-
va, la propuesta sería más estimulante con una
banda sonora jazzística; personalmente, como
implicado en el asunto que aquí se insinúa y
dilucida, echo de menos, por encima o por deba-
jo de la nostalgia, al chico pelirrojo que veía
todas las madrugadas en el Jamboree. ¡Albricias!,
dos eximios renegados de la gloriosa generación
ye-yé al alimón en el C.D.N., Biedma y
Marsillach, ambos cadáveres exquisitos.
En fin, si Boris Vian levantara la cabeza, él,
que tanto odiaba a la Piaf y a las hojas muertas
Francisco Sevilla
El fracaso son Vds. con sus trajes de etiqueta y sus
fiestas privadas
El fracaso de sus vidas ejemplares en público con
tarjetas de crédito
-y el triunfo de la tristeza de sus máscaras en pri-
vado con CDs y pizzas-,
El fracaso de todo su dinero compra-personas y
vende-roles y relojes
El fracaso de sus mentes de águilas claras y rentables
El fracaso de sus coches de importación y sus hijas
de boutiques y toilets
El fracaso de sus Dioses tristes y debilitadores
El fracaso de sus vidas planificadas al detalle uña
a uña y cuerno a cuerno
El fracaso de sus piscinas limpias y su césped depi-
lado como coños de yeguas
de putas de lujo depiladas donde no se aceptan
gorriones ni gatos callejeros
El fracaso es la humanidad entera por contribuir a
joder al planeta tierra
por callar cuando hay que matar a un par de suje-
tos delictivos y elegantes
por gritar a deshora y lamer culos de jefes de per-
sonal irracionales
culpables por aceptar políticas endeudadoras cul-
pables de fumar y charlar
culpables de ser inocentes como imbéciles con los
pantalones planchados
confabulación secreta contra la libertad vivimos
como ratas religiosas
por que nos gusta votar a demagogos adorar a idio-
tas y matar a inocentes
cómplices de todo esto pasan los días y nos desfo-
gamos en vacaciones
de empresas tacañas con despido libre y garantías
constitucionales.
El fracaso soy yo por culpa de todas y cada una de
estas cosas y Vds.
Antipoema n°7
Cultura
Una noche con Jaime Gil de Biedma
(Las rosas de papel)
Dramaturgia y dirección: Pep Munné
Sobre textos originales de Jaime Gil de Biedma
Interprete: Pep Munné
Música original y arreglos de las canciones: Silvia
Comes
Fotografías: Colita
Producción: Juanjo Seoane
Sala de La Princesa
Centro Dramático Nacional - Teatro María Guerrero
Una escenografía minimalista de vocación rococó que es
ahuyentada por la poderosa gravedad y elegante control del
actor, nunca enfático en su asunción del verbo poético, pues el
espectador, más oyente que espectador, incluso acertará
plenamente si cierra los ojos y se deja mecer y estremecer por la
lucha entre la palabra y el sentimiento que es la esencia de la
poesía; una fusión temporal que es constantemente realzada
por la sensibilidad de la muy afrancesada Silvia Comes, tan
existencialista en los subrayados musicales
GEORGE
GROSZ