Secretariado Permanente del Comité
Nacional de la CNT
E
n Madrid, este 11 de Marzo nos
vuelven a matar. Los trabajadores,
el pueblo llano, volvemos a ser víc-
timas, esta vez despedazadas y de
la manera mas salvaje. Los trabaja-
dores, el pueblo llano, siempre somos las víc-
timas de todos los terrorismos, los así llamados
y los camuflados; somos víctimas de la preca-
riedad, del paro, de la miseria, de la manipu-
lación, de los mal llamados accidentes de
trabajo..., somos los rehenes y la carne de ca-
ñón de todas las guerras, de todas las luchas
de intereses, de todos los fanatismos, de todos
los poderes. Somos las víctimas de las decisio-
nes, los intereses y las aspiraciones de minorí-
as ajenas a nosotros y que nos usan de escudo
y moneda de cambio.
En Madrid, en Irak, en Palestina, en Isra-
el, en Afganistán, en Nueva York, en Chica-
go, en Vitoria, en Rusia, en Chechenia..., en
todas partes nos matan, y nos han matado, por
causas que no son las nuestras.
Es indiferente el autor de esta atrocidad
concreta, ha golpeado al débil, al que no va a
poder negociar, al que no tiene capacidad de
decisión. Demuestra su desprecio a la clase
trabajadora, al pueblo llano.
Si teníamos alguna esperanza de que no se
utilizara esta brutalidad, los hechos nos la han
quitado. Decimos bien claro que sólo los tra-
bajadores, el pueblo llano, los que no tenemos
escolta ni coche blindado, ni decidimos sobre
la vida y el futuro de los demás, podemos llo-
rar de verdad a nuestros muertos, podemos
decir, fuerte y con verdadero dolor, que esta-
mos con las víctimas y sus familias, porque
somos nosotros.
Un abrazo sin palabras, con el corazón, a
todos los directamente afectados.
Su mundo nos destruye, construyamos el
nuestro.
Editorial
cnt
n°300 abril 2004
3
3
Madrid, 11 de marzo
Redacción
U
na sensación agridulce asaltaba
las conciencias de quienes, hace
un año, nos echamos a la calle
para protestar contra la guerra
en la que nos había obligado a
participar el gobierno que decía represen-
tarnos. ¿Podía ser que toda aquella rabia des-
bordada, se hubiera diluido en la nada? ¿No
había quedado poso alguno de aquellas mul-
titudinarias movilizaciones?
El sábado 13, una insólita convocatoria
vehiculada a través de Internet, móviles, e
incluso, el boca a boca, se encargaría de ofre-
cernos la respuesta de una manera contun-
dente: los movimientos sociales, el pueblo,
recuperaba nuevamente el protagonismo de
su vida y espontáneamente se lanzaba otra
vez a las calles de Madrid, unas calles que la-
tían con señales indiscutibles de vida, las de
una sociedad que exigía explicaciones y res-
ponsabilidades, que harta de manipulacio-
nes y prepotencia, mostraba los dientes y
tomaba una palabra tantas veces negada.
La multitud se agolpaba ante las sedes del
PP y desbordaba un operativo policial que
se veía impotente para contener semejante
explosión de rebeldía. Nuestros supuestos
gobernantes, con un nerviosismo evidente,
sólo acertaban a balbucear mensajes sobre
la ilegalidad de las concentraciones que se
producían ante sus atónitas miradas, bal-
buceos a los que se respondía de manera ta-
jante que la voz del pueblo nunca podría
ser ilegal. Por su parte, los otros, todavía en
la oposición, hacían llamamientos a la res-
ponsabilidad para que, una vez desahogados
los impulsos primarios, volviéramos a nues-
tras madrigueras. Cantos de sirena ante unos
oídos refractarios que se iban multiplican-
do en número y que, además, se extendían
ya a otras ciudades del Estado.
El golpe de estado mediático a que el go-
bierno quería someter a una población que
exigía (y barruntaba) repuestas ante la ma-
tanza del 11 de marzo, había sido la chispa
detonante de la rabia contenida. Y era ese
pueblo soberano, manido tópico tantas ve-
ces escuchado en boca de la clase política en
quien habitualmente se delegan nuestros
destinos, quien, de repente, se les había he-
cho insumiso y mostraba su mayoría de edad
exigiendo espacio vital en un coto hasta
ahora vedado para los de siempre.
Poco importa que el día siguiente gana-
se las elecciones un partido supuestamente
socialista, que el PP dijera que su derrota se
había debido a una coacción antidemocrá-
tica amparada por los partidos de izquierda,
que en los medios sólo se intuyera una par-
te ínfima de lo ocurrido la tarde-noche an-
terior, que todo volviera a una supuesta
normalidad... quienes participaron en las
movilizaciones espontáneas saben que no
hubo consigna de partido ni "ordenes supe-
riores", y todavía mejor, han catado por sus
propios medios las infinitas posibilidades
que implica la expresión sin intermediarios.
¿Fue tan sólo un espejismo en el desier-
to? El tiempo aclarará dudas, pero cuando
menos, la jornada del 13 nos ha legado una
evidencia: este pueblo le va cogiendo gusto
a hacerse visible, va perdiendo el miedo y va
ganando dignidad.
Más información en página 16
Mutis
Una voz que se
hace audible
Sólo los trabajadores,
el pueblo llano, los que
no tenemos escolta ni
coche blindado, ni
decidimos sobre la
vida y el futuro de los
demás, podemos llorar
de verdad a nuestros
muertos, podemos
decir, fuerte y con
verdadero dolor, que
estamos con las
víctimas y sus
familias, porque
somos nosotros
NIKO CHICOTE