Redacción
El primer índice de alarma, afirman, "es la au-
sencia de datos que reflejen la situación de la
mujer presa en España. Los estudios existen-
tes hasta ahora son parciales, referidos al ám-
bito autonómico, y en ellos se pone de relieve
el desconocimiento de esta realidad".
La experiencia de quienes forman los co-
lectivos que suscriben el comunicado, es que
la realidad de la mujer en prisión presenta unas
especificidades que no son tenidas en cuenta
por la actual política penitenciaria; teniendo
como consecuencia inevitable la repetición y
cronificación de su situación de exclusión so-
cial, razón ésta por la que muchas de estas mu-
jeres están presas.
Las cifras cantan: en estos momentos, de
4.446 mujeres que, además del rol que siguen
asumiendo, representan a más de 4.400 fami-
lias con dificultades serias de vivir con unos mí-
nimos de dignidad garantizados, en la mayoría
de los casos, por estas mujeres presas.
La realidad penitenciaria, que abruma con
la cantidad de personas presas masculinas, hace
que la realidad de las mujeres presas quede
poco o nada reflejada en las directrices de qui-
nes tienen la obligación de ofrecer, no sólo cus-
todia a las personas presos, sino también
tratamiento para su futura inserción social.
Con la actual política de macro-cárceles (ex-
ponente innegable del macro-fracaso de las po-
líticas sociales) los módulos para mujeres y sus
hijos ha quedado en una especie de "acomodo
de ocasión" que imposibilita en gran medida el
acceso de las mujeres a servicios comunes: po-
lideportivos, bibliotecas, talleres,...
La consideración de la mujer presa para la
Administración penitenciaria sigue siendo deu-
dora de esa antigua concepción en la que, para
ser tal, debía estar al servicio del hombre y al
cuidado de los hijas e hijas. Observando la rea-
lidad de las actividades a las que la mujer pre-
sa tiene acceso, podemos concluir que los
talleres existentes: bordados, confección, pe-
luquería...; vienen a abundar en esa imagen,
perpetuando un rol que en muchas ocasiones
ha sido y es causa de su ingreso en prisión.
Las convocantes constatan "cómo muchas
de las mujeres presas tienen a sus hijos meno-
res viviendo con ellas dentro de las cárceles. Las
condiciones de vida de estos pequeños está
condicionada por la estructura y régimen de
vida en la prisión. Las aducidas razones de se-
guridad dificultan experiencias positivas para
los niños: salidas al campo, celebración de cum-
pleaños, entrada de algunos juguetes..." y de-
nuncian cómo por un problema de
competencias administrativas, ajeno por com-
pleto a la vida y responsabilidad de las madres
y niños, se dificulta la relación entre madre e
hijo sometido a tutela. La presa depende de la
Administración Penitenciaria, mientras que el
hijo depende de la respectiva Administración
Autonómica; dándose el caso de traslado de
prisión de la madre, quedando el hijo en la Co-
munidad Autónoma de referencia, privándose
de esta manera la relación.
Así mismo, al cumplir los tres años de edad
los niños deben separarse de sus madres, ya
que la ley imposibilita que el menor siga en
prisión. Son demasiados los casos en que estos
niños terminan en un centro de acogida sepa-
rados de sus familiares. Además, son los servi-
cios sociales penitenciarios quienes deciden
sobre la capacidad de las personas que pudie-
ran acoger a estos niños. Encontrándonos si-
tuaciones en las que se vivencian estas sepa-
raciones como un secuestro...
Preocupante también es el alto índice de pres-
cripción de tranquilizantes, antidepresivos, se-
dantes... medicamentos todos destinados a
amortiguar los efectos perniciosos del ingreso
en prisión de la mujer: sensación de agobio, ais-
lamiento familiar, depresión, ansiedad, aisla-
miento social, ideas de suicidio...; es llamativo
la comparación entre hombres y mujeres en lo
referido a la administración de este tipo de me-
dicación, siendo en éstas mucho más frecuente.
Y si los tratamientos de "salud mental" son
abundantes, en lo referente a la especialidad gi-
necológica, las mujeres presas ponen de relie-
ve la dificultad de acceder a los seguimientos
y controles médicos recomendados por la OMS.
La dificultad constatada de acceder al mun-
do laboral en las mujeres libres, se traduce en
las mujeres presas en una dificultad de acceso
a beneficios penitenciarios, permisos, tercer
grado... para los que se exige, como condición
sine qua non, desempeñar un puesto de trabajo.
Constatan igualmente "cómo en el caso de
las mujeres presas, las reivindicaciones reali-
zadas por diferentes colectivos y sectores so-
ciales de todo el Estado, tienen mayor gravedad
y virulencia en su propio proceso personal: al
haber menos cárceles de mujeres en todo el Es-
tado, los traslados lejos de su lugar de origen
o residencia son mayores. La situación que vi-
ven éstas en régimen FIES, además de ser una
situación ilegal, convierte en inhumana la con-
dena. Finalmente nos parece de Justicia recla-
mar la rapidez y ejecución de medidas que
posibiliten la inmediata excarcelación de pre-
sas con graves enfermedades o terminales".
Los colectivos de mujeres concluyen pidiendo
a diferentes sectores sociales lo siguiente:
- A los medios de comunicación social:
La prisión sigue evocando casi con exclusi-
vidad el universo masculino: hay que visibi-
lizar la realidad de la mujer presa, sacarlas de
la ignorancia y el olvido en el que se en-
cuentran sumergidas.
- A los responsables políticos:
Reformas jurídico-penales serias que rompan
la espiral de exclusión-criminalización-ex-
clusión.
- A los colectivos de mujeres:
Ampliar los horizontes de vuestras reivindi-
caciones y luchas, incorporando la realidad
de las mujeres presas, así como la realidad de
las mujeres empobrecidas.
- A los colectivos de defensa de los derechos
de las presas y presos:
Mayor sensibilidad ante la realidad de las
mujeres presas, y mayor esfuerzo para re-
coger en nuestras luchas y reivindicaciones,
las condiciones de vida de las mujeres.
- A la administración penitenciaria:
Modelos penitenciarios de "mínima seguri-
dad", menos opresores y más humanizadores:
centros de régimen abierto, unidades de-
pendientes para mujeres con hijos y sin ellos,
atención médica especializada, centros de
rehabilitación para drogodependientes, etc.
"Las mujeres presas también existen".
8 de Marzo de 2004.
4.446 mujeres que, además del rol que siguen
asumiendo, representan a más de 4.400 familias
con dificultades serias de vivir con unos mínimos
de dignidad garantizados, en la mayoría de los
casos, por estas mujeres presas
Acto de denuncia frente a los Juzgados de la Plaza de Castilla, en Madrid.
/ MADRES CONTRA LA DROGA
cnt
n°300 abril 2004
Actualidad
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Colectivos de mujeres denuncian
la situación de las mujeres presas
Con el fin de hacer presente ante las opinión pública a las mujeres y sus hijos menores que están presas en las
distintas cárceles del estado español varios colectivos feministas han comenzado una campaña de denuncia.