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S
upongo que seremos unos/as cuan-
tos/as los que albergamos la certe-
za de que hoy no llega el cambio.
Supongo que más o menos tan-
tos/as como los/as que pensamos
que esta puta mierda no es democracia y que
continuarán mintiéndonos, aunque quizá no
nos vayan a dar por culo de manera tan san-
grante como hasta ahora.
No estamos ante una victoria del PSOE ni de
la ciudadanía, aunque estos días se nos pueda
vender como tal. Más bien parece que es el PP
el que se demorona tras el desgaste consus-
tancial a su ejercicio autócrata del Poder y esa
empresa electoral que utiliza siglas tan nobles
como inoportunas se beneficia más de rebote
que por ofrecer una "alternativa de gobierno"
convincente para la ciudadanía.
Evidentemente, estas elecciones están ab-
solutamente mediatizadas por los recientes
atentados y cabe preguntarse hasta qué punto
este gobierno no nace, aunque sea de rebote,
de las bombas. Porque en el grado actual de
desarrollo de la sociedad como masa electoral
-la masa no es el pueblo, es aquello que vota
y se cuenta- es fundamentalmente emoción
mayormente amnésica y desideologizada.
Deberemos ahora esforzarnos y estar aten-
tos para poder liberarnos de falsas esperanzas
e ilusiones, si cabe más nacidas de la posible mo-
dulación de la represión tan duramente sufri-
da hasta ahora que de una emancipación real.
En este momento, en que la caída del fascismo
explícito se mezcla con la exaltación "progre-
sista", conviene no olvidar dos amenazas aún
vigentes: que ni el pestilente y fatídico legado
de Aznar acaba aquí, ni el proyecto político de
Zapatero posee coherencia ideológica alguna.
En lo que respecta a aquellos, sería muy re-
comendable y hasta necesario no bajar la guar-
dia, sino profundizar en el proceso de
desintegración del fascismo español para aho-
rrarnos episodios como los recientes en un fu-
turo inmediato. Ayudar a su disolución definitiva
aprovechando esta "crítica coyuntura suceso-
ria" en la que se encuentra tanto en un nivel
estatal como nacional y cerrar de una vez por
todas la leyenda negra de la derecha española.
En lo que atañe a estos, los/as de ahora,
deberíamos hacer un ejercicio de saludable es-
cepticismo y memoria para que probéis boca-
dos como el inmovilismo constitucional, la
política económica neoliberal, el estado policial
(esperemos que no resucite Corcuera ni ningu-
no de sus fantasmas), el clientelismo y la co-
rrupción, etc..., no vayan a atragantársenos ni
a pillarnos por sorpresa en su día.
Aparentemente cambia "el talante" -son más
honestos de lo que parece cuando nos avisan
de que en eso reside "el cambio"- y llegan otras
caras, pero el Poder continúa y se perpetúa y,
desde cierta perspectiva, continúa con una apa-
riencia de renovación que probablemente lo for-
talezca. ¿Victoria de la democracia?
Efectivamente, victoria de la democracia, lo que
equivale a decir victoria de una "cracia", victo-
ria de la forma más perfecta de Estado. No del
pueblo: pírrica victoria la del pueblo. Y no nos
equivoquemos, es una democracia de mercado
la que vence, lo que, en buena lógica, equiva-
le también a una victoria del mercado y de la
desigualdad económica.
¿Cuántos gritarán ahora "esto nos pasa por
un gobierno facha"? ¿Y que deberemos hacer
los/as que pensábamos que aquello no era más
que una redundancia?
Como si sólo fuéramos capaces de abrir una
puerta a la conciencia cuando ésta envía el do-
lor y el sufrimiento como emisarios, viene la
triste actualidad a confirmar una vieja convic-
ción común: que en ningún caso puede espe-
rar el pueblo algo bueno del Poder. Sea esto
una ley, cuestión de un ecocidio, una declara-
ción de guerra o un resultado electoral. Que
ninguno de los/as de abajo se engañe.
En un mundo esencialmente interactivo e in-
tegrado, algunos embajadores del pasado se
empeñan en imbuirnos perspectivas "naciona-
les" para abordar problemas cada vez más glo-
bales; se empeñan en seguir afirmando las
fronteras cuyo origen y existencia sólo se de-
ben a sus intereses de dominación. Aprove-
chando tanto la necesidad de vinculación
colectiva, acrecentada por la incomunicación so-
cial en que vivimos, como la inocencia e igno-
rancia de la gente, consiguen afirmar esas
fatídicas y letales fronteras en el imaginario
social. Pero contra viento y marea, contra el
apego de estos nostálgicos a sus privilegios y
al statu quo tradicional que los garantiza, y
muy a su pesar, la conciencia avanza de la mano
de la innegabilidad de los hechos.
¿Cómo, si no, podríamos entender que el Po-
der declare guerras y los pueblos las sufran?
¿Cómo nos explicaríamos el hecho de que mu-
cha gente aún perciba como ajenas las muer-
tes de nuestros estados y sienta cierta distancia
ante el sufrimiento que allí causan? (Por más
que cueste decirlo ahora: las muertes de Ma-
drid son tan injustas y crueles como las de
Bagdad, Kabul y las de cada fin de semana en
accidentes automovilísticos; ¿hay, acaso, muer-
tos de primera y muertos de segunda, tal y
como Aznar, Bush y demás chusma nos quie-
ren hacer pensar?; ¿cómo no nos producen
idéntico estremecimiento las muertes de Sa-
rajevo o Newroz que las de Atocha? ¿Sólo por-
que las fronteras de la ideología dominante
así nos lo dictan?) ¿Cómo entender que cier-
tos musulmanes, marroquíes o de donde sean,
vean a los trabajadores que viven en Madrid
como enemigos susceptibles de ser asesina-
dos? ¿O que los ciudadanos norteamericanos
sientan que otros ciudadanos iraquíes son sus
enemigos?
Parece obvio que confundimos solidarida-
des y enemistades, víctimas y verdugos. Pac-
tamos con nuestros explotadores -sea con el
voto o con la sumisión fiscal- y aceptamos en-
frentarnos a quien comparte con nosotros una
misma condición de explotados/as. Es así como
levantamos muros frente al vecino/a y abrimos
la puerta, antena y el mismo corazón, al vam-
piro que nos enfrenta entre nosotros.
Las raíces de la cultura de la guerra son
hondas y complejas y no es este el momento
de analizarlas por lo amplio (hay toda una cul-
tura autoritaria y represiva detrás), pero, en
tan agitadas fechas, si quisiera recordar un par
de cosillas que me parece deberíamos tener to-
das/os meridianamente claras a estas alturas,
al menos las/os que, en mayor o menor medi-
da, participamos de cierta conciencia social:
1. Que en la configuración geopolítica actual
-derivada de las movilizaciones ciudadanas
ante la la globalización y del orden impe-
rial impuesto tras el 11-S- ya no hay tres
mundos en el planeta. Volvemos a una es-
tructura bipolar, pero esta vez no se trata
del antagonismo entre estados rivales, sino
de la oposición inevitable entre un Poder
imperialista mundializado y una ciudada-
nía cada vez más consciente y organizada
que anhela vivir en paz. Para ser más cla-
ro: un mundo de ciudadanos y comunida-
des que aspira a ser libre y vivir en paz y
un poderoso micromundo de políticos y plu-
tócratas que se empeña en obstaculizar ese
anhelo. (De ese impedimento depende el si-
mulacro de privilegios y felicidades en el
que creen que viven).
2. Que las fronteras -políticas, económicas,
etc...- sólo benefician a ese Poder, aislán-
donos para posibilitar esa dominación. De-
bemos tener claro que en lugar de oponer
categorías como "español", "iraquí", "esta-
dounidense", etc..., conviene afirmar un
antagonismo mucho más verdadero: "ciu-
dadano vs. político/a o ciudadano vs. capi-
talista". Las verdaderas fronteras no son las
que nos separan de otros pueblos también
explotados, sino las que nos separan a no-
sotros de los explotadores/as.
Si todo el mundo tuviera esto claro, proba-
blemente no habría muerto toda esa gente ino-
cente en Irak, en Madrid o en tantos lugares.
Si tuviéramos esto claro, conseguiríamos dejar
de estar seducidos por el juego elecotral entre
"izquierdas y derechas", para abrirnos a la com-
prensión de una diferencia de intereses más
primigenea y verdadera: la que opone a los/as
de arriba y los/as de abajo. Actualmente, bajo
un capitalismo mundializado, las verdaderas
fronteras son las desigualdades económicas y
éstas no las va a abolir ningún gobierno sino
la propia autoorganización de la gente.
Así pues, y (insisto), aunque comprendo
que el egoísmo humano, matriz de toda esta
problemática, tiene raíces mucho más comple-
jas que sería preciso atender, a estas alturas y
en esta tesitura, el trabajo auténticamente re-
volucionario desde una perspectiva humana
debería orientarse de manera prioritaria a la
difusión de estas dos íntimas y pacificadoras
convicciones.
Libertad, Igualdad y Fraternidad. Pero
globales. Este es mi voto. (Que jamás pactaré
conscientemente con ninguna máquina de ad-
ministrar muerte).
cnt
n°300 abril 2004
Actualidad
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Atentados del 11 de marzo
SAÑA
En este momento, en que la caída del fascismo
explícito se mezcla con la exaltación "progresista",
conviene no olvidar dos amenazas aún vigentes:
que ni el pestilente y fatídico legado de Aznar acaba
aquí, ni el proyecto político de Zapatero posee
coherencia ideológica alguna
"... El conjunto de la sociedad es lo que no hay que tener en cuenta, a menos que se tome como objetivo a destruir.
Luego, no quedará sino esperar que no vuelva a reproducirse nada que se parezca al "conjunto de la sociedad".
M. Foucault, Conversaciones con los radicales.
¿Cuánto dolor necesitamos para cambiar?
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