Secretariado Permanente del Comité
Nacional de la CNT
M
e contó una vez mi padre,
de 91 años, que en una
ocasión, pidiendo aumen-
to de sueldo en la fábrica
en la que trabajaba, el pa-
trón se hacía de cruces porque no entendía
cómo pedían nada cuando los obreros podían
comer incluso carne. Eran tiempos en los
que se hacían barrios para obreros; tiempos
en los que el patrón, a veces, vivía encima
de su empresa y controlaba y fiscalizaba
todo lo que sucedía en sus dominios. Mi pa-
dre que no era nada radical pero tenía muy
claro quién era quién y su posición, enten-
día que los obreros tenían que unirse y se
sindicó, en un sindicato bastante amarillo,
todo hay que decirlo.
Escuchando a mi padre, que insisto no era
nada radical, casi echo de menos a aquellos
empresarios que defendían sus privilegios
y su modo de entender la sociedad; provo-
caban, creo que sin saberlo, la confrontación
entre clases y el anhelo de un cambio so-
cial; eran muy claros en la defensa de su
modo de vida y en el desprecio a la clase tra-
bajadora. Los trabajadores, solo por el he-
cho de serlo, fueran sumisos, esquiroles,
traidores, revolucionarios...se reconocían en
su condición y clase; los sindicatos eran su
modo natural de unirse y defenderse. Cual-
quier parecido con la actualidad es mera
coincidencia; ahora podemos ver cómo el
Secretario General de CC.OO. se da un pi-
quito cariñoso con la Señora Koplo...lo que
sea en la boda del príncipe, a la que fue in-
vitado junto a ese señor tan simpático que
manda en UGT. También se nos descuelgan
estos pájaros entrando en el suculento ne-
gocio de los planes de pensiones y queriendo
hacerlo en el de las mutuas. Decía en una
editorial pasada que estos sindicatos aca-
barían de entes consultivos con negociado
en algún ministerio pero creo que me que-
dé corto; no será en un ministerio, será di-
rectamente en la patronal. Mientras, la triste
realidad se impone y tenemos a los traba-
jadores de astilleros recurriendo a las clási-
cas maneras de lucha, pero controlados y
dependientes de unos sindicatos que no tie-
nen nada que ver con los de antes; los obre-
ros ponen su esfuerzo y su lucha para que
en unos despachos se hable de cosas que
no pueden controlar. Y volviendo a aquellos
empresarios de los que hablaba mi padre,.
ahora, sus nietos se han metido la empre-
sa por la nariz o la han vendido a algún
consorcio especializado en cerrar fabricas
para especular con los terrenos.
Y, ¿qué empresarios tenemos ahora? Pues
por un lado el piojo resucitado, ese tipejo
que dice que ha trabajado mucho y con su
esfuerzo ha levantado un negocio; ese de-
sertor de su clase que explota con deleite a
los que, según él, eran sus compañeros; es-
pecialista en contratos fraudulentos, en in-
migrantes, en pagar bajo mano, en raterías
sin fin, ...se extraña cuando alguien se que-
ja porque él es un colega y te está hacien-
do un favor por darte trabajo.
Por otro lado el empresario fantasma,
nadie sabe quién es aunque todos lo sabe-
mos; su fábrica no es suya, solo tiene una
participación, está en todas partes y en nin-
guna, diversificación del capital se llama a
eso. Estos empresarios sin empresa aparecen
en todos los consejos de administración pero
pretenden no ser mas que uno mas; al final
los "uno mas", son siempre los mismos. Es-
tos, casi nunca dan la cara, tienen unos la-
cayos, llamados gerentes, que son los que
aparentemente mandan.
Luego están los que con unas acciones
aquí, otras allá, o una cuenta en el banco o
caja de ahorros, casi todos, son considerados
por los que he citado antes como pequeños
partícipes de las empresas y negocios, y, ade-
más, sin tener ni idea de ello.
Difícil aclararse, tener conciencia de cla-
se es una labor complicada, sin embargo,
los hechos nos demuestran que perderla te
deja desvalido y jugando en un terreno que
no es el propio; esperemos que su recupe-
ración no cueste los mismos sacrificios que
costó obtenerla.
La triste realidad se impone y tenemos a los
trabajadores de astilleros recurriendo a las
clásicas maneras de lucha, pero controlados y
dependientes de unos sindicatos que no tienen
nada que ver con los de antes; los obreros
ponen su esfuerzo y su lucha para que en unos
despachos se hable de cosas que no pueden
controlar
Editorial
cnt
n°305 octubre 2004
3
3
Redacción
E
n 1986 España y Portugal se in-
corporan a la Comunidad Econó-
mica Europea. En años anteriores
empieza a aparecer una oposición
marginal a esta pseudo federación
de estados con un objetivo llanamente mer-
cantilista que se vende como la pócima de la
segunda revolución industrial y el progreso
económico. La CEE, hoy convertida en Unión
Europea está redactando una Constitución que
abunda en las características que supusieron su
aparición. Y ya está renaciendo la misma opo-
sición marginal que decía no a la entrada en
la Europa del Capital, hoy Europa del Capital y
la Guerra. Pero hay que insistir en el califica-
tivo, marginal. No se consigue llevar lo evi-
dente a la calle y demostrar con pruebas obvias
lo que supondrá en nuevo texto constitucional
europeo. Podemos hacer un repaso a lo que la
UE supone, aún sin Carta Magna, teniendo en
cuenta que nace como una especie de sociedad
limitada de Estados que adoptan medidas pro-
teccionistas respecto a la competencia econó-
mica extra-europea pero anti-proteccionista de
fronteras adentro. Se proponen el libre flujo
de trabajadores de la Unión y la aspiración a
la igualdad en cuanto a infraestructuras, polí-
ticas migratorias comunes, la creación de una
eurofuerza policial y militar, tribunales euro-
peos... Vemos hoy que algunas de las pro-
puestas que se valoraban como positivas-
obviamente ninguna de las anteriores- inclu-
so por parte de esa oposición al europeismo
económico se han convertido en humo. Las
instituciones que podrían proteger a los ciu-
dadanos de un estado de su propio estado no
han servido para mucho, tenemos el caso de Ba-
tasuna. Los organismos de protección medio-
ambiental se han convertido en meros aparatos
consultivos que mantienen, eso sí, a cientos de
funcionarios, para encontrarse con que no ha
habido prácticamente trasposiciones de nor-
mativas a la realidad jurídica de cada Estado.
A partir del año 2006 se acabarán gran parte
de los programas de subvenciones que iban a
servir para convertirnos en un país del siglo XXI
y no se han creado las infraestructuras sufi-
cientes, pero eso sí, se ha acabado con secto-
res productivos tradicionales llevando las zonas
rurales a la despoblación y a reconvertirse en
enormes parques temáticos.
Pero no todo ha sido inútil. Sí se muestran
eficaces los comisariados económicos a la hora
de llevar a los astilleros a la segregación o en
el momento de exigir la devolución de ayudas
que fueron mal invertidas sin tener en cuen-
ta que eso dejará en la calle a cientos de tra-
bajadores. También se han mostrado muy
capaces de plegarse a las exigencias de las mul-
tinacionales de la agricultura transgénica a la
hora de permitir que se planten y comerciali-
cen productos agresivos en cuanto a su mer-
cantilización, su uso agrario y probablemente
su consumo. También han destacado en la le-
gislación sobre patentes para que no haya nada
sin dueño o sin precio. Ejemplos hay muchos
para demostrar la capacidad de la élite políti-
ca europea para ir dejándonos con una mano
detrás y otra delante progresivamente. Y aho-
ra lo quieren poner por escrito, que tíos más
cojonudos. Tendrá que volver aquella oposi-
ción marginal a insistir en aquello de no a la
Europa del Capital y la Guerra.
Mutis
Constitución
Europea
Una nueva casta empresarial