Robertino
En realidad, en Estados Unidos hace algunos meses
se habían suscitado quejas por las afirmaciones de
la senadora californiana Diane Feinstein que, tras
haber visto las prisiones al aire libre de Guantá-
namo, había declarado: ¡las prisiones estadouni-
denses son peores! Muchos activistas por los
derechos civiles habían sostenido las razones de
la senadora. "Preferiría estar en Guantánamo que
en un penal estatal en Illinois" ha dicho Doug
Cassel, director del Centro Internacional para los
Derechos Humanos de la Universidad de North-
western, "En las prisiones norteamericanas se
corren grandes riesgos de violación, es necesario
formar parte de una banda o pagarse la protec-
ción para evitar ser asesinado o maltratado".
Estas afirmaciones pueden parecer un poco
fuertes, pero en realidad en las últimas décadas
el sistema carcelario estadounidense ha creci-
do como un verdadero cáncer social que ha
devorado las vidas de millones de personas. Al
final de 2002, el total de reclusos era de
2.166.000 estadounidenses.
Esto significa que en los Estados Unidos hay
766 presos por cada 100.000 habitantes (en
Japón en 2000 eran sólo 47 detenidos por cada
100.000 habitantes; en Noruega 56; en Francia
80; en Italia 94; en Alemania 97. Sólo la Rusia
postmarxista tiene cifras paragonables: 730
detenidos por cada 100.000 habitantes).
El incremento de la población carcelaria es
un fenómeno iniciado en la era Reagan (en 1980
los detenidos eran sólo 318.000) y que nunca
se ha interrumpido (ha sido en 1995, bajo la
Presidencia Clinton, cuando el gasto público del
Gobierno estadounidense para construir prisio-
nes ha superado por primera vez el gasto para
las Universidades). A los detenidos hay que aña-
dir después los que están en libertad condicio-
nal o por buena conducta, 6,9 millones de
personas al final de 2002. En total, en los Esta-
dos Unidos el 2,5% de la población está en pri-
sión o bajo vigilancia judicial. Dado que la gran
mayoría de los detenidos es de sexo masculi-
no, las personas bajo control judicial represen-
tan el 5% de los hombres. Si se excluyen los
menores de 14 años y los ancianos mayores de
65, este porcentaje sube hasta el 7,6% (un hom-
bre adulto de cada 13).
Esta explosión del número de detenidos no
corresponde por otro lado a un significativo
aumento de la criminalidad. El número de dete-
nidos entre 1982 y 2001 es más que el quíntu-
ple, pero los arrestados han crecido sólo el 11,4%
(pasando de 12 millones en 1982 a 13,7 millones
en 2001) y el número de casos en los tribunales
ha pasado de 86 millones en 1984 a 92,8 millo-
nes en 2001 con un crecimiento de sólo el 7%.
Así pues que mientras que no se registra ni un
aumento del crimen ni un mayor control de la poli-
cía, hay un difuso y metódico incremento de las
penas que llenan las prisiones. La gran respon-
sable del encarcelamiento masivo es la absurda
guerra contra la droga, responsable de más de la
mitad de las detenciones (en más del 80% de los
casos por simple posesión).
La susodicha lucha contra el crimen ha cos-
tado en 2001 167.000 millones de dólares. El sis-
tema judicial da trabajo a 2,3 millones de personas,
de las que 747.000 son carceleros, y representa el
7% de los gastos estatales y federales, tanto como
el sistema sanitario publico en su integridad. Con
las privatizaciones ha nacido una gran y articu-
lada industria de las cárceles.
Los institutos penales privados son unos 160
dispersos en treinta estados, cubren el 7% del
mercado carcelario y crecen a un ritmo del 35%
anual. El Correctional Business se mueve sobre
tres frentes: construcción y gestión de las cár-
celes; creación de nuevos puestos de trabajo
(frecuentemente los administradores locales tra-
tan de obtener una cárcel sobre su territorio
por la oportunidad de trabajo en su interior y
en los servicios inducidos); explotación del tra-
bajo de los detenidos (en 2004, las cárceles-
fábrica de 111 pasaron a 120 para acoger otros
dos mil nuevos detenidos). El potente lobby del
Correctional Business ejerce fuertes presiones a
los políticos y magistrados, para impedir que
nuevos procedimientos y normas sobre la liber-
tad provisional interfiera sus intereses, ani-
mando, de hecho, el incremento de los
encarcelamientos. Las privatizaciones han favo-
recido el desarrollo de un sistema carcelario más
impersonal y automatizado, con altos niveles de
vigilancia y la consiguiente reducción de per-
sonal, en particular el sanitario, con conse-
cuencias dramáticas. Una investigación ha
revelado recientemente que de los 9 millones de
detenidos liberados en 2002, más de 1.300.000
eran portadores del virus de la hepatitis C,
137.000 habían contraído el SIDA y 12.000 la
tuberculosis. Estas cifras -facilitadas por la Comi-
sión nacional para la salud en las cárceles- repre-
sentan respectivamente el 29%, entre el 13 y el
17%, y el 35% del número total de americanos
afectados por estas enfermedades. Según muchos
investigadores en el campo de la salud públi-
ca la epidemia de arrestos que ha sufrido el país
es la incubadora en masa de las enfermedades
infecciosas.
Si la situación en las cáceles americanas es
todo lo opuesto al color de rosa, peor es aún en
las prisiones de máxima seguridad, los llama-
dos "Supermax", donde son más de veinte mil
los detenidos recluidos en aislamiento prolongado.
Son recluidos en pequeñas celdas vacías duran-
te 23 horas al día. La comida se pasa a través de
una fisura en la puerta de metal. No pueden ver
ni hablar con ningún otro ser humano. No pue-
den mirar desde una ventana y están someti-
dos a 24 horas de luz artificial. No pueden efectuar
llamadas telefónicas ni tienen ninguna visita o
contacto. Salen de la celdas sólo para la ducha
o para media hora de actividad física en solita-
rio, tras haber sido expuestos a cacheos corpo-
rales. Van por la cárcel con brazos y piernas
encadenadas acompañados siempre de dos guar-
dias, uno de los cuales lleva una pistola de des-
cargas eléctricas para señalar al prisionero la
"dirección justa" a tomar. Muchos de estos dete-
nidos tienen perturbaciones mentales que no
son tratadas en ningún modo.
En California las prisioneras clasificadas como
"peligrosas para la seguridad" pueden ser ais-
ladas durante larga duración en la "Security
Housing Unit" (SHU), unidad de máxima segu-
ridad en la prisión estatal de Valley. Las muje-
res en la SHU pasan de 22 a 24 horas al día en
una pequeña celda de hormigón, sin ningún
tipo de trabajo o reeducación, y comen, se lavan
y defecan observadas por guardias del sexo mas-
culino. Cada vez que dejan o vuelven a sus cel-
das son cacheadas a fondo y maniatadas. A una
gran parte de ellas se les ha diagnosticado pro-
blemas de salud mental. Las encarceladas pue-
den estar años o, incluso, la condena entera
confinadas en la SHU por infracciones disci-
plinarias sucesivas o de menor entidad.
E.G., por ejemplo, ha tenido repetidos pro-
longamientos de su permanencia por tapar la
abertura cuando usaba el baño, yendo contras
las reglas de la cárcel. El continuo castigo de su
deseo de privacidad ha desequilibrado su mente
por completo. Las estructuras de máxima segu-
ridad como la de Valley están proliferando en
todo el sistema carcelario de los Estados Unidos
y, en algunos casos, la prisión entera es de máxi-
ma seguridad. Según Amnistía Internacional,
"las condiciones de estas estructuras violan los
estándares internacionales para el tratamiento de
prisioneros", mientras un informe de Human
Rights Watch afirma que "la ausencia de inte-
racción con otros individuos, la ausencia de estí-
mulos mentales, la falta de cualquier cosa que
pueda hacer la vida aceptable, son factores de
destrucción física, psicológica y emotiva".
Las cárceles estadounidenses son una verda-
dera y propia cámara de los horrores, no sólo en
Iraq. En 1994 el profesor de psicología de la Uni-
versidad de Dakota del Sur, Struckman-John-
son, entrevistando a 1793 detenidos, reveló que
el 22% de los detenidos hombres y el 7% de los
detenidos mujeres sostienen haber sufrido vio-
lencia sexual. En 2000 Struckman-Johnson ha diri-
gido una investigación similar en siete prisiones:
el 12% de los detenidos hombres han afirmado
haber sufrido violencia sexual. Una quinta parte
de los entrevistados sostenía haber sufrido estos
abusos por parte del personal carcelario.
[1] Vittorio Feltri es, desde su fundación en
2000, el director y editor del diario italiano
Libero. Se autodefine como anarquista (¿?).
Para que no nos confunda y como prueba de
su verdadera ideología se puede presentar el
siguiente hecho: el jueves 10 de mayo de
2001 en una entrevista en una cadena de Ber-
lusconi afirma sobre Hitler que fue "severo,
pero justo". Giuliano Ferrara es director de
Il foglio y trabaja también en el imperio
mediático de Berlusconi. De hecho este perio-
dista ex-militante comunista es un ferviente
seguidor de Berlusconi.
[2] Ciccio Rutelli es el lider del PDS, partido de
centroizquierda que nace tras la escisión
del ala socialdemócrata en el Partido Comu-
nista Italiano y como consecuencia de la
desaparición del Partido Socialista Italiano
por los escándalos de corrupción de Craxi.
Extraído de Umanità Nova, nº 23 (27 de
junio de 2004). Traducción: E. Rosell
cnt
n°305 octubre 2004
Internacional
2
200
Cárceles USA: El horror cotidiano
Tras la divulgación de las fotos de las torturas en la cárcel de Abu Ghraib en Iraq, los
medios del régimen han tratado de empeñarse en el intento improbable de convencer a
su público de que aquello que había sucedido en la prisión iraquí era sólo obra de unos
pocos militares mentalmente desviados ("algún imbécil", como repiten al unísono
desde hace semanas Vittorio Feltri y Giuliano Ferrara
1
), mientras muchas bellas ánimas
declaraban su escándalo por aquello que habían visto, pero confirmaban su confianza
en la "gran democracia americana" con la máxima "de todos modos, estas cosas en las
cárceles de los Estados Unidos no habrían podido suceder" (Ciccio Rutelli
2
dixit)
El sistema penitanciario estadounidense es un cáncer social que devora la vida de millones de personas.
/ AGENCIAS
La gran responsable del encarcelamiento masivo
es la absurda guerra contra la droga, responsable
de más de la mitad de las detenciones (en más del
80% de los casos por simple posesión)