Bartolomé Miranda Jurado.
E
n lo que respecta a la II República,
los textos se centran en la narración
de algunos acontecimientos que
implican a las clases trabajadoras
(huelgas, ocupación de tierras, anti-
clericalismo), laicismo estatal presentado como
ataques a la iglesia; pero se ocupan menos de
explicar la oposición que recibe la II Repúbli-
ca desde el primer momento por parte de los gru-
pos sociales más conservadores, la iglesia y
parte de la cúpula militar, que no estaban dis-
puestos a ceder en sus posiciones y privilegios,
y que van a obstaculizar las reformas sociales
retirando inversiones, incumpliendo leyes, aban-
donando tierras y centros productivos, en defi-
nitiva, conspirando para que la República se
hunda. Es decir, la radicalización-polarización
social de la época que se presenta después como
causa de la Guerra Civil se quiere cargar prin-
cipalmente sobre las espaldas de las clases obre-
ras y la izquierda política. No se explican bien
las causas de la conflictividad social, siendo la
primera clave la injusticia social, con la exis-
tencia de millones de trabajadores que viven en
condiciones insoportables, sumidos en la deses-
peración y la miseria; mientras una minoría
dispone de la riqueza industrial, agraria y finan-
ciera; capitalistas, terratenientes y clases diri-
gentes, muy poco sensibles con la necesidades
humanas de las clases obreras, que toman con-
ciencia de su situación y desde las ideologías
obreristas sueñan con un mundo mejor, rei-
vindican mejoras y transformaciones, que al
no ser escuchadas, potencian los deseos revo-
lucionarios. La República, en principio, realiza
algunos cambios para mejorar la situación de
campesinos y obreros, pero deja descontentos
a todos, a los obreros porque las promesas de
cambios apenas llegan, y a las clases privilegiadas
porque se sienten amenazadas por esos inten-
tos de reforma. En esta tensión se alternan los
diferentes gobiernos de la II República, perio-
dos de reforma con periodos de involución, con
conatos revolucionarios obreros (1932, 1933,
1934); intento de golpe de estado de algunos
militares (1932). Así se llega a las elecciones de
Febrero de 1936, tras las cuales el gobierno del
Frente Popular reinicia las reformas sociales
(reforma agraria, legislación laboral...) en un
ambiente social muy conflictivo, donde las cla-
ses obreras reivindican profundas reformas y
donde los grupos conservadores esperan el
momento para la sublevación militar. En los
textos se destacan las acciones violentas de las
clases trabajadoras y la izquierda, y se mini-
mizan las acciones violentas y conspiraciones
de grupos conservadores que preparaban el
golpe de estado que llegaría el 17-18 de julio,
y cuyo objetivo era deshacer las reformas polí-
tico-sociales y restaurar el sistema anterior a
la República; golpe de estado al que se opu-
sieron las organizaciones obreras y parte del
ejército, lo que llevaría a la revolución social,
a la división del país en dos zonas con proyec-
tos sociopolíticos diferentes, y a la Guerra Civil
hasta 1939.
Cuando se describen los hechos durante la
guerra civil, en los textos, a la zona republi-
cana se presenta más bien en negativo, se
resaltan el desorden, el enfrentamiento inter-
no, la persecución y asesinato de derechistas
y religiosos, la quema de iglesias; dejando casi
en el olvido los intentos por construir una
sociedad más justa, las colectivizaciones, la
distribución de los recursos. La zona subleva-
da gobernada por Franco, se presenta menos
en negativo: orden, unión, organización polí-
tica... y quedan en un segundo plano o se olvi-
dan la represión, el asesinato de miles de
obreros, la falta de libertades, la expropiación
a las organizaciones obreras, quema de loca-
les y bibliotecas, la imposición religiosa. Parece
como si se quisiera justificar la sublevación
militar de julio contra la República.
Otra clave para entender la Guerra Civil hay
que buscarla en el ejército, involucrado en
política interior desde épocas anteriores, que
ahora se siente depositario de la defensa de la
unidad de la patria. La República abría el cami-
no de una descentralización política y el auto-
gobierno regional (Cataluña, País Vasco). La
mentalidad conservadora y la idea de unidad
de una patria centralista hacen que muchos ofi-
ciales no acepten el régimen republicano y
piensen en la conspiración para establecer un
régimen centralista. Cuando en agosto de 1932
un grupo de militares liderados por Sanjurjo se
levantan contra la República, el ejército está
dividido, y aunque la mayoría no comparte el
régimen republicano, el intento de golpe de
estado fracasa porque muchos militares creen
que no es el momento. Tras el triunfo del
Frente Popular en febrero del 36, algunos gene-
rales (Mola, Sanjurjo, Franco, etc.) preparan
el levantamiento contra la República, sólo espe-
ran el mejor momento.
En cuanto al papel de la religión los libros
de texto insisten en el papel de víctima de la
Iglesia Católica, resaltando el anticlericalismo
republicano y de las organizaciones obreras,
en un intento de justificar el apoyo de la
mayoría de la Iglesia al levantamiento militar
contra la República, pero no se profundiza ni
explica el papel que la propia iglesia tuvo en
todo este proceso. Desde siglos atrás la Iglesia
Católica se había convertido en un poder eco-
nómico, político y cultural, guardián de las
ideas y siempre junto a las clases poderosas,
desarrollando un clericalismo asfixiante en la
sociedad española, una Iglesia partidaria de la
caridad pero opuesta a cualquier transforma-
ción social, lo que la convierte en objeto de
ataques anticlericales desde las revuelta libe-
rales del siglo XIX. La Iglesia Católica vive la
llegada de la II República como una desgracia
pues la Constitución de 1931 establece la sepa-
ración Iglesia-Estado y reduce su poder y pri-
vilegios (subvenciones, educación, etc.), y
desde ese momento siente que la República no
es su régimen y va a estar al lado de los gru-
pos conservadores de la derecha (políticos,
militares, monárquicos, alta burguesía, terra-
El totalitarismo Europeo. La falta de legitimidad
de las instituciones europeas...................................... 24
Imagina que hay una guerra y no vamos nadie.
Insumisión al aparato militar...................................... 24
Opinión
cnt
n°305 octubre 2004
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La enseñanza de la historia
No se explican bien las
causas de la
conflictividad social,
siendo la primera clave
la injusticia social, con
la existencia de millones
de trabajadores que
viven en condiciones
insoportables, sumidos
en la desesperación y la
miseria; mientras una
minoría dispone de la
riqueza industrial,
agraria y financiera
Campesinos de la provincia de Toledo exhibiendo sus armas durante la Guerra Civil.
/ J. GUZMÁN - AGENCIA EFE
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Mediante la enseñanza de Historia no sólo se transmiten datos sobre hechos sino que también se desarrollan valores,
opiniones, ideología, etc. La enseñanza de la Historia de España no es hoy la descarada manipulación de la época de
la dictadura, pero todavía hay cierta falta de objetividad histórica en los libros de texto cuando se abordan la II
República y la Guerra Civil pues se ofrece sobre todo narración y muy poca explicación causal que ayude a interpretar
y comprender tales hechos históricos.