"¡Uníos, hermanos proletarios!" Durante la
II República Española, la consigna se con-
virtió en siglas: UHP.
La solidaridad entre los trabajadores al mar-
gen de oficios y de orígenes nunca ha fun-
cionado demasiado, para qué engañarnos.
Quedó en triste ridículo ya en 1914, cuan-
do los partidos socialistas integrados en la
II Internacional incumplieron su promesa de
negarse a combatir en defensa de sus res-
pectivas burguesías. Se habían juramenta-
do para declarar la «guerra a la guerra»
pero, en cuanto sonó el cornetín, los obre-
ros alemanes y franceses marcharon a des-
triparse entre sí con la misma estupidez
con que todos los soldados de todos los
estados se han destripado entre sí a lo largo
de la Historia. Cierto es que en aquel tiem-
po, por lo menos, había gente que procla-
maba que lo correcto era lo contrario. Como
el pobre Jean Jaurès, al que mataron por
empeñarse en reclamarlo.
Ahora parece que ya nadie se aferra a los
principios de la solidaridad internacional. Ni
siquiera a título retórico. Lo que funciona
en estos tiempos es el YALM, que son las
iniciales de "Yo A Lo Mío".
En Elx, provincia de Alicante, una multi-
tud se dedicó ayer a destrozar los medios
de producción de algunos empresarios asiá-
ticos del calzado, a los que acusan de com-
petir de manera desleal con la industria del
pueblo. No sé si la realidad será tal como
aparece contada en la prensa de hoy, pero,
de ser así, qué horror saber que los mani-
festantes no sólo no se detuvieron, sino
que arreciaron su ataque contra una de las
naves industriales cuando comprobaron que
dentro había trabajadores.
No es la primera vez que ocurren hechos
semejantes aquí o allá, y supongo que, por
desgracia, no será la última. Hace poco oí
que en una población de la costa medite-
rránea se había producido una protesta masi-
va para rechazar las inspecciones de trabajo
que persiguen la contratación ilegal de mano
de obra inmigrante. Según los protagonistas
de la protesta -que no eran sólo los empre-
sarios, ni mucho menos, sino el pueblo en
masa-, esas inspecciones son inaceptables
porque, si se respetara la ley a rajatabla, la
prosperidad del pueblo se iría al guano.
En las actuales protestas de los trabajado-
res de los astilleros, las consignas también
van por pueblos. Nadie habla de salvar los
astilleros, sino sus astilleros. ¿Dónde quedó
aquello del poema de Bertolt Brecht: «O
todos o ninguno, o todo o nada»?
Lo de Elx es parcialmente diferente, pero no
tanto. La industria del calzado se ha ali-
mentado durante décadas del empleo negro
y del trabajo a domicilio, en condiciones
nada envidiables. Pero también en el man-
tenimiento de ese régimen laboral cutre ha
habido demasiadas complicidades. Me con-
taban hace años que hay localidades de la
provincia de Alicante en las que, si uno
quiere tener la certeza de que nunca será
elegido para ningún cargo municipal, lo
único que tiene que hacer es proclamar que,
en caso de resultar electo, combatirá con
todas sus energías la economía sumergida.
Hay una complicidad total en el manteni-
miento de la ilegalidad.
La defienden incluso quienes la sufren.
Temen perder lo poco que han logrado. Tra-
bajadores contra trabajadores. Trabajadores
contra trabajadoras. Autóctonos contra
inmigrantes. Cada uno a lo suyo. Todos con-
tra todos.
"Un político es un culo con el que todos se
sientan menos un hombre". Esta frase prosai-
ca que se le escapó al poeta norteamericano,
E. E .Cummings, sigue en plena vigencia, cali-
fica, descalifica, a los políticos estadouniden-
ses y a sus homólogos de la aldea global, más
aldeana que nunca y cuya única globalización
constatable se produce en el terreno de la
economía, con la "deslocalización", disloca-
ción, de las grandes empresas y la "asiatiza-
ción" de precios y salarios.
Ante la Asamblea General Globalizada de
la ONU, una institución cada día menos efec-
tiva y más protocolaria, el presidente
Rodríguez Zapatero, largó un discurso propio
de su celebrado talante, un discurso contem-
porizador y cargado de buenas intenciones de
esas de las que está pavimentado el Infierno.
Y mientras el moderado líder de los modera-
dos socialistas españoles lanzaba a los oídos
sordos de Bush su utopía por un futuro mejor
del que nos stán preparando, el ex-presiden-
te Aznar, asesorado desde el Más Allá, por el
padre Ripalda y el ex-generalísimo Franco,
preparaba su conferencia en la Universidad
Jesuítica de Georgetown, primera lección de
un curso financiado a través del gobierno
popular con el dinero de los contribuyentes.
Aznar sembró cizañas, conjuró tempestades y
acabó echándole la culpa del tiberio actual al
moro Muza. En un inglés de primaria, el ex-
líder global (así fue presentado a los inde-
fensos estudiantes) renovó su juramento de
fidelidad a Bush, sus pompas y sus obras y
trazó un delirante paralelismo entre Almanzor
y Al Quaeda, un análisis que hubiera suscri-
to con mucho gusto Osama Bin Laden.
Pero no hay que asustarse, para que Aznar
pudiera incriminarnos en su nueva cruzada
global, predicada por Bush, pontífice disléxi-
co, tendría que reconquistar el poder median-
te las urnas, toda una quimera, una antiutopía
que hubiera puesto los pelos de punta a George
Orwell, difamado vilmente estos días por ex-
estalinistas reciclados.
Palabras, palabras, palabras, ni las suge-
rencias del discurso en castellano de Zapatero,
ni las incitaciones en inglés de Aznar pasan
de ser pura y hueca retórica en un globo pin-
chado, desideologizado y sometido por tiranos
cristianos, musulmanes, o cínicos y agnósti-
cos que de todo hay. Además la conferencia
de Josemari hubiera necesitado para ser inte-
ligible, una traducción simultánea del inglés
de Aznar, al inglés americano. El desconoci-
miento de la lengua de sus patrocinadores
quedó en mayor evidencia todavía en la rueda
de prensa cuando el ex-presidente que no
entendía las preguntas, contestaba hablando
de cualquier otra cosa en inglés, "Mi taylor is
rich" o "The victory is possible".
305
Octubre 2004
VI época - Madrid
Tontos globales
Moncho Alpuente
Javier Ortiz
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El jefe del sindicato, que al mismo tiempo era presidente del comité de empresa
y miembro del consejo de administración, dijo sí una vez más a los planes de la
compañía. Todo se hacía para conservar los puestos de trabajo. Después de
aquel sí, llegaron otros. Y otros cuantos más. Unos para rebajar el sueldo, otros
para aumentar las horas de labor, otros para disminuir a la esencia de la nada
el descanso semanal o las vacaciones, otros para que la firma, en definitiva, fuera
un número de teléfono que controlara a una legión de subcontratados; que a
su vez se habían convertido en empresarios de su propia miseria porque, des-
pedidos, volvían a trabajar en lo mismo, pero por cuenta propia. La revolución
hecha. Hasta que se acabó el miedo por la huida, ya que la empresa decidió que
"todos coreanos". "O chinos", que daba igual uno de Tomelloso que otro de Nanjin.
El jefe del sindicato se quedó tranquilo. Era la igualdad soñada. Al fin y al cabo,
a él, que había sido de los de Mao, le sobresaltaba todavía lo del Gran Timonel.
Jenofonte
El deslocalizador
la fotomatona
la fotomatona
Palabras, palabras,
palabras, ni las
sugerencias del
discurso en castellano
de Zapatero, ni las
incitaciones en inglés
de Aznar pasan de ser
pura y hueca retórica
en un globo pinchado,
desideologizado y
sometido por tiranos
cristianos,
musulmanes, o cínicos
y agnósticos
Del UHP al YALM
Extraído de la página web de Javier Ortiz. 17/09/2004.
www.javierortiz.net