Juan de la Lama
Los gobiernos y partidos de izquierda, apoyados
por los sindicatos reformistas, han comprendi-
do el problema y colaboran en el desmantela-
miento del Estado del Bienestar: las reformas
laborales aplicadas en los países desarrollados
desde principios de los años 80 han supuesto pér-
didas de derechos sustanciales para los traba-
jadores. En todos los ámbitos: precariedad,
reducción salarial, aumento de la jornada de
trabajo, menores prestaciones sociales (desem-
pleo, jubilación, enfermedad)... Las reformas
no afectan exclusivamente al mundo del traba-
jo, ha habido una regresión constante en la vi-
vienda, educación, sanidad, alimentación, medio
ambiente. Estos bienes cada vez resultan más ca-
ros y de peor calidad, son cada vez más inal-
canzables para sectores cada vez mayores de la
sociedad. Por primera vez desde principios del
siglo XIX occidente se enfrenta a la desaparición
del paradigma del desarrollo indefinido. Las
nuevas generaciones heredarán un mundo peor
al que vivieron sus padres.
De esta forma se está aplicando el programa
máximo del neoliberalismo con rapidez, con-
cretado en lo que se conoce como el "Consen-
so de Washington", protocolos informales
suscritos entre empresas multinacionales, en-
tidades financieras, la Reserva Federal esta-
dounidense y las instituciones monetarias
internacionales, el Banco Mundial, el Fondo Mo-
netario Internacional o la Organización Mun-
dial del Comercial. Este consenso se fue gestando
durante los años 80 y 90, y constituye el pro-
grama político del neoliberalismo. Su objetivo
es establecer al Capital como única fuente de po-
der y derecho, sometiendo al mismo a individuos
y naturaleza. El camino es la liquidación de
cualquier control social sobre el Mercado, la eli-
minación de los impuestos, la privatización de
todos los bienes y servicios. La creación de un
Estado Policial que exclusivamente se ocupe de
establecer un orden social que garantice los be-
neficios empresariales.
La sociedad que prefiguran estos cambios la
podemos observar ya. El imparable crecimiento
de los "sin": sin techo, sin derechos, sin pape-
les, sin pensión, sin trabajo, sin educación, sin
salud... Las relaciones sociales se han envileci-
do. La competencia y la lucha entre todos es
cada vez más despiadada, siendo la violencia la
pauta de comportamiento interpersonal, con-
taminando el tejido social, y desarrollándose
hasta en el ámbito doméstico, los hogares han
alcanzado el triste record de convertirse en los
lugares más inseguros. Esto es el neoliberalismo,
la destrucción de la condición social y moral de
la humanidad, su reducción a mero productor en
guerra contra si mismo y contra el planeta.
El balance es aterrador, y lo que nos espera.
Todos los poderes de la Tierra conspiran para im-
plantar ese sistema. La Iglesia Católica, acom-
pañando al resto de las sectas fundamentalistas,
bendicen a los gobiernos neoliberales y facilitan
sus medios de propaganda para predicar el nue-
vo credo. Son los nuevos conservadores, los "ne-
ocons", quienes en nombre de los valores
tradicionales del cristianismo están destruyen-
do a la humanidad y al planeta. Los obispos ca-
tólicos han recomendado el voto a Bush. Todos
los círculos, fundaciones, universidades y focos
de difusión de los "neocons" están íntimamen-
te relacionados con los sectores más combativos
del fundamentalismo cristiano. Iglesia y Capital
definitivamente han resuelto sus contradiccio-
nes, si alguna vez fueron algo distinto, y cola-
boran juntos abiertamente para establecer el
nuevo orden mundial: La desaparición de los va-
lores humanos. Ya que no existe infierno en la
otra vida, se han propuesto que exista en ésta.
Debemos recordar que hubo un tiempo en el
que el desarrollo industrial era compatible con
la mejora de las condiciones de vida. En el si-
glo XIX la concienciación y organización de los
trabajadores cuaja en la creación de sindicatos
combativos que logran imponer mejoras en to-
dos los ámbitos, configurando en el siglo XX
sociedades avanzadas. Esas sociedades fueron fru-
to de la tensión dialéctica entre trabajo y capi-
tal. Entonces el proceso de industrialización era
fundamentalmente local, los productos que se
producían en un Estado se vendían en ese Es-
tado. Si unos trabajadores de ese Estado con-
seguían mejoras sociales y salariales, era ese
Estado el que se beneficiaba en su conjunto, ya
que esos trabajadores gastaban su salario en
productos de su Estado. Se generaba un círcu-
lo virtuoso. Aumentaban los salarios y aumen-
taba la producción al haber más consumo.
Aumentaba la producción y aumentaban los
puestos de trabajo y los salarios, y a la vez esto
repercutía en el aumento de la producción y en
la mejora de las condiciones de vida.
Hoy, con la desaparición de las fronteras
para el Capital y la Mercancía, se genera un cír-
culo vicioso. Las empresas se trasladan donde
hay menores costes de explotación, menos im-
puestos, salarios y protección ambiental. Los
países con sistema social avanzado pierden em-
presas, generan paro, baja la capacidad adqui-
sitiva, lo que genera menor consumo y más
despidos. A la vez entran en su mercado productos
de sus competidores. No les queda más remedio
que competir en generar mano de obra barata
y en reducir los impuesto a las empresas, lo que
implica menores servicios sociales, y desman-
telamiento de la protección social. Se estable-
ce de esta forma una carrera vertiginosa hacia
el abismo, ya que los países del tercer mundo,
para no perder competitividad se ofrecen en
condiciones cada vez más bajas, lo que implica
reducción de las condiciones de vida, menos
consumo y más explotación, que se traslada a
los países desarrollados que nuevamente tendrán
que implementar políticas para abaratar los cos-
tes laborales. Por este camino terminaremos por
volver a las condiciones de esclavitud anterio-
res al siglo XIX, a la desaparición del desarrollo
industrial. Hoy es evidente que este sistema se
ha mostrado incapaz de acabar con el hambre,
las guerras y las injusticias. Todo lo contrario,
hoy las desigualdades son mayores, el hambre
y la desertización avanzan, más de 2/5 partes
de la humanidad está en guerra permanente.
La deslocalización ejemplifica perfectamen-
te la sumisión de la humanidad a la economía.
La humanidad desarrolló el mercado para faci-
litar los intercambios y satisfacer de forma más
eficaz sus necesidades. Ese mercado ha evolu-
cionado hasta convertirse en un ser autónomo,
omnipresente, omnisciente y omnipotente, todo
se debe someter a sus deseos y necesidades. Los
individuos no valen nada, son un mero instru-
mento que facilita su existencia.
Frente a la deslocalización cabe adoptar dis-
tintas posturas:
El proteccionismo
Los sucesos acontecidos en Elche el 16 de sep-
tiembre de 2004, donde se atacó a empresas y
emigrantes asiáticos, son un ejemplo de este
proteccionismo. Es una aptitud estúpida, que
no resuelve el problema, sino que lo incremen-
ta. En los años 70 se vieron brotes del mismo te-
nor de los agricultores franceses contra los
productos españoles: la tradicional fiesta vera-
niega de volcar camiones con frutas y verduras.
Hubo incluso algunos revolucionarios de salón
que vieron en esas demostraciones de impoten-
cia el nacimiento de una nueva lucha social que
alumbraría una humanidad nueva. El protec-
cionismo conduce al nacionalismo decimonóni-
co, solo sirve como desahogo emocional y para
encumbrar a algún aprendiz de dictador local.
El neoliberalismo
Es creer que este camino nos lleva a la salvación
material y espiritual. Propone competir en ser
los más eficientes a la hora de explotarnos a no-
sotros mismos y a los demás. Ser los primeros de
la clase y acatar sin crítica este estado de las co-
sas como algo natural e inevitable. En este camino
hay una bifurcación, una nos lleva al exterminio
de la vida en el planeta, la otra nos conduce a un
orden totalitario mundial, todavía no está defi-
nido el rumbo definitivo que adoptará.
El socialdemócrata
Pretende embridar el Mercado, sometiéndolo a
una regulación que lo haga más humano y go-
bernable. Está por inventar el sujeto social que
sea capaz de semejante hazaña. Su ejecución es
un rosario de fracasos. El desmantelamiento,
vía reconversión, de la industria es su fruto más
preciado. En España los astilleros públicos sir-
ven de botón de muestra. El parlamentarismo,
el instrumento político con el que pretende go-
bernar el Mercado, es ineficaz para ese propó-
sito. El parlamentarismo actúa a nivel estatal,
y el Mercado a nivel global. Al Capital le resul-
ta muy fácil burlar los controles gubernamen-
tales. En la práctica el parlamentarismo sirve
de coartada legal para legitimar el proceso de
desarrollo ilimitado del Mercado.
El parlamentarismo es el procedimiento para
suplantar la soberanía popular. Desde el siglo
XVIII está firmemente establecido en la con-
ciencia colectiva de la humanidad que la sobe-
ranía reside en el pueblo, ni en dios, ni en el rey,
sí en cada una de las personas. La soberanía po-
pular es resultado del libre juego de interaccio-
nes de las soberanías individuales. El
parlamentarismo fosiliza las energías que surgen
del quehacer espontáneo de individuos libres,
las aboca a un callejón sin salida. Más todavía el
parlamentarismo moderno, donde la abstención
y el voto en blanco no cuentan, donde cada es-
caño cuesta un número distinto de votos, don-
de se establecen mayorías absolutas con menos
del 25% de sufragios. Los gobiernos que surgen
de esos parlamentos se saben débiles, no repre-
sentan a nadie. Su pretensión de gobernar al
Mercado es un brindis al Sol, son precisamente
ellos los siervos del Capital.
Solamente un gobierno mundial salido de un
parlamento elegido directamente mediante su-
fragio universal podría afrontar la gobernabili-
dad del Mercado. Pero tampoco esto serviría de
garantía. Vemos cómo en la ONU los gobiernos
ni siquiera se ponen de acuerdo para acabar con
los paraísos fiscales, donde recalan las inmensas
fortunas que se consiguen mediante el crimen
y la corrupción. Tampoco se ponen de acuerdo
para establecer una legislación social mínima
mundial, donde se contemplen tanto los dere-
chos laborales, como los derechos civiles, polí-
cnt
n°306 noviembre 2004
Sindical-laboral
5
5
DOSSIER PRECARIEDAD / Deslocalizción
"El descoloque"
Las fronteras han desaparecido definitivamente para la
Mercancía y el Capital. Las nuevas tecnologías en
comunicación y transporte configuran el planeta como
una Aldea Global. Las empresas y el dinero acuden allí
donde encuentran mejores condiciones de explotación y
rentabilidad y aquellos países, antes florecientes, que
desarrollaron sistemas de protección social se enfrentan
al dilema de desmantelar el Estado del Bienestar ellos
mismos, o convertirse en desiertos industriales, abocados
al paro y a la debacle económica, que terminarán por
destruir dicho sistema
Astilleros es un claro ejemplo de la desindustrialización de los países occidentales.
/ AGENCIAS
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Las empresas se trasladan donde hay menores costes
de explotación, menos impuestos, salarios y
protección ambiental. Los países con sistema social
avanzado pierden empresas, generan paro, baja la
capacidad adquisitiva, lo que genera menor consumo
y más despidos