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Editorial
cnt
n°311 abril 2005
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3
Secretariado Permanente del Comité
Nacional de la CNT
E
n esta última temporada, en el
barrio Barcelonés del Carmel, va-
rios ciudadanos han visto cómo
se les caía la casa, otros cómo se
les resquebrajaba, y, muchos, se
tientan la ropa esperando que no pase nada
mas. Con un poco de mala suerte les van a
cargar las culpas a ellos, quizás por un za-
pateado flamenco a destiempo, que en es-
tos barrios obreros, ya se sabe, vive gente
de todas partes, incluso de fuera.
Los políticos, como siempre, han estado
a la altura de las circunstancias; el último
mono dimite y los vecinos contemplan, alu-
cinados, cómo los Plenos en que se van a
tratar sus problemas, se convierten en una
trifulca con todos tirándose los trastos a la
cabeza. De lo suyo, casi ni se habla, y salen
acusaciones y réplicas, querellas y mociones
de censura...¡menudo calentón político!.
Pero los políticos, como siempre, han sa-
bido recomponer la situación; se han pedi-
do disculpas, la información sobre el caso ha
ido languideciendo y se dejan las cosas como
estaban; los vecinos sin casa o con grietas
pero con promesas, las poltronas en su sitio
y propuestas de comisiones de investigación
de esas que consiguen oscurecer todo tanto
y liarlo de tal manera que se tienen que
clausurar con conclusiones de consenso.
Pero entre tanta lengua suelta, y al hilo
de los comentarios sobre cobro de comisio-
nes y corrupción en las obras públicas, al-
gún constructor, supongo que desagradecido,
ha recuperado la conciencia y se ha descol-
gado con denuncias públicas acerca de la
mala calidad de los materiales por razón de
cubrir la parte de la comisión y otras linde-
zas; el de mas allá, también con un repen-
tino ataque de civismo, comenta que le
hacían pagar no se qué; otro más dice que
si no pagaba comisión no había obra, etc.
Pero la ley dice que son rumores, que no
hay denuncias firmadas y en firme. Esa ley
que te ilegaliza de un plumazo y te mira
hasta el ADN para ver si está limpio; que
encarcela pastores por comerse un lagarto
o coger manzanilla; que ejecuta desahucios
sin pestañear; que nos multa por llamar ex-
plotador al que lo es; que investiga con
celo todo lo que le suene a subversivo... esa
misma ley, no puede hacer nada. Yo, si ten-
go necesidad, quiero que se me aplique esta
concepción de la ley, la que no se entera
durante años de las mafias de la costa, la
que sirve para traficantes de altos vuelos,
para defraudadores, para políticos.
También por estas fechas se ha oído del
inicio de conversaciones para otra reforma
laboral. Que no nos pase nada; conseguido
el despido pr*cticamente libre, el trabaja-
dor a la carta, el comercio repugnante con
los servicios sociales, el mercadeo de traba-
jadores...¡qué mas puede querer el capital!
Los pomposamente llamados agentes socia-
les están muy ilusionados, quieren empleo
de calidad; será el suyo, porque el nuestro
lo dejaron descalabrado con la negociación
y firma de las anteriores reformas.
Para terminar un comentario sobre la re-
tirada de la estatua del golpista Franco, lo
siento por las palomas. Está claro que la va-
nidad humana acaba donde empieza una
cagada de paloma.
Los políticos han
sabido recomponer la
situación; se han
pedido disculpas, la
información sobre el
caso ha ido
languideciendo y se
dejan las cosas como
estaban; los vecinos
sin casa o con grietas
pero con promesas, las
poltronas en su sitio y
propuestas de
comisiones de
investigación de esas
que consiguen
oscurecer todo tanto
"Algunos animales son más débiles
que otros. Por ejemplo, el puercoespín
es un animal indefenso excepto por sus
púas, el ciervo es vulnerable excepto por
su velocidad. En la economía también
hay personas relativamente débiles. Los
discapacitados, los jóvenes, las minorí-
as, los que no tienen preparación, todos
ellos, son agentes económicos débiles.
Pero al igual que les ocurre a los seres
en el mundo animal, estos agentes débi-
les tienen una ventaja sobre los demás:
la capacidad de trabajar por sueldos
más bajos. Cuando el gobierno les arre-
bata esa posibilidad fijando sueldos mí-
nimos obligatorios, es como si se le
arrancaran las púas al puercoespín".
Redacción
L
a entrañable fábula aparece en la
página web de la FAES, fundación
para el Análisis y los Estudios So-
ciales, vinculada al Partido Popu-
lar, presidida por José María Aznar
y dedicada, según su propias palabras, "a
elaborar doctrina política y económica con
el fin de crear, promover y difundir ideas ba-
sadas en la libertad política, intelectual y
económica. Ideas capaces de ofrecer alter-
nativas políticas y de pensamiento diferen-
tes a las del socialismo. Ideas susceptibles de
ser asumidas por los responsables políticos
y transformadas en programas de acción po-
lítica". Vaya, un vocero del neoliberalismo
con evidente influencia en la patronal.
La cita, que se incluye como apoyo a un
informe sobre el Salario Mínimo Interpro-
fesional, es lo suficientemente explícita de
la opinión de estos personajes. Y no des-
cubren nada nuevo; es su papel. Lo triste
es que en el lado contrario todavía haya
quién afirme con Fukuyama el fin de la
historia y hable de la lucha de clases como
de algo más propio de otra época, sobre-
pasado ya por el discurrir de los tiempos.
Cuando no se quiere hacer frente a la
realidad, cualquier excusa es buena para es-
conder la cabeza como el avestruz, así no
es extraño que, mientras aumentan la pre-
cariedad o la siniestralidad laborales, haya
sindicatos que funcionen como gestorías de
servicios o se encuentren más preocupados
por las subvenciones o los fondos del FOR-
CEM, que en ejercer un enfrentamiento
claro a las políticas neoliberales que veni-
mos padeciendo. Tampoco que haya tra-
bajadores que se sientan más vinculados a
la empresa que a sus compañeros y aspi-
ren a convertirse en engranajes del siste-
ma que les explota.
Quienes todavía creemos en la lucha de
clases, afirmamos que ésta tiene tanta vi-
gencia como en tiempos pretéritos, aunque
bien es cierto que actualmente echamos
en falta, y mucho, es conciencia de clase
(al menos entre los trabajadores, que la
patronal lo tiene, como hemos visto, muy
claro). Pero como decíamos antes, hay afir-
maciones mucho más descriptivas que pá-
ginas y páginas de argumentos, por lo que
en vez de incidir en nuestras posturas, va-
mos a recomendar que, llegados a este pun-
to, se vuelva a releer la cita con la que
empezábamos.
Mutis
Los políticos, a la altura
de las circunstancias
Conciencia
de clase

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