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Rodrigo Iglesias / Redacción
Para entender la situación actual del Líbano
hay que conocer, en primer lugar, cuál es la
constitución social del territorio y su articu-
lación política. Entre Siria al norte y al este,
al sur limitando con Israel y al oeste con el
Mediterráneo, el país está constituido por un
40% de cristianos divididos en cuatro sectas
(maronitas, protestantes, ortodoxos y miem-
bros de la Iglesia armenia) un 45% de musul-
manes (35% shiíes y un 23 % de suníes) y un
7% de drusos. Esta población se subdivide a
su vez entre libaneses, palestinos refugiados
y armenios. Sin olvidar la sombra permanen-
te de la frontera con Israel, estado judío. En
un espacio mínimo viven (no se puede hablar
de convivencia) tres poblaciones pertene-
cientes a las tres grandes religiones monote-
ístas que rigen su destino político en función
de su adscripción a una u otra creencia. En Lí-
bano el poder legislativo tiene que estar pre-
sidido por un musulmán, 64 parlamentarios
pertenecen a religiones islámicas y otros 64
a religiones cristianas. También existen Tri-
bunales religiosos que dirimen cuestiones re-
lativas al orden civil. Y a pesar de todo, a
mediados de los años 90 tenían una tasa de
alfabetización cercana al 90% gracias a un sis-
tema de educación pública y gratuita pero no
obligatoria, un buen sistema sanitario públi-
co, especialmente si lo comparamos con los de
su entorno y la mayor densidad de población
de Oriente Próximo con 369 habitantes por
kilómetro cuadrado. El actual presidente, Emi-
le Lahoud se postula, a pesar de la identifi-
cación de poder político y religión, desde el
laicismo y el nacionalismo árabe, aliado de Si-
ria y contrario a las políticas genocidas isra-
elíes auspiciadas por Washington. Quizás sea
este el motivo por el que se le dibuja desde
las administraciones y los medios occidenta-
les como un títere de su vecino árabe.
¿Quién es quién?
Desde la independencia de Francia en 1946, el
estado que surge y se conoce como el Líbano
ha sufrido dos guerras civiles y varias inva-
siones israelíes (que hoy día se siguen pro-
duciendo). También se ha dado la presencia del
ejército sirio desde 1976 hasta hoy, pero en
este caso fue el propio gobierno libanés el que
solicitó su intervención para así acabar con
una guerra civil que se extendería desde 1975
hasta 1990. Dicha intervención, que es la cau-
sa del conflicto diplomático y político abier-
to en la actualidad, no fue condescendiente
con ninguna de las facciones en liza. En unos
momentos, quizás por temer un grave dete-
rioro de la ya tensa situación con Israel y sus
aliados occidentales, la actividad siria apoya
a las facciones identificadas como cristianas
para más tarde actuar en favor de los musul-
manes. En la actualidad la presencia militar del
vecino árabe es defendida por musulmanes y
laicos nacionalistas. Siria es hoy día un esta-
do laico, presidido por Bashar al-Assad, ami-
go y aliado del presidente libanés Emile
Lahoud. Ha manifestado varias veces que de-
fiende el derecho de la milicia de 15.000 hom-
bres armados, que pertenece al movimiento
Hezbolá a permanecer armada. También su
reiterada advertencia de que el Líbano no pue-
de firmar un tratado de paz con Israel que no
incluya a Siria. Más de un millón de sirios vi-
ven en el Líbano, además de los 14.000 sol-
dados que hoy se repliegan hacia su frontera
nacional.
Por otra parte, Hezbolá, considerada desde
Europa y Estados Unidos la bestia negra del
islamismo radical, es para la percepción árabe
un partido político con más de 1,8 millones de
votantes y que constituye prácticamente un es-
tado paralelo con sus propias herramientas ad-
ministrativas, sanidad y educación, por
ejemplo. Representa al 40% de shiíes libane-
ses, población más pobre del país y más afec-
tada por los sucesivos ataques israelíes. Han
protagonizado éxodos masivos desde el sur del
Líbano para huir de los bombardeos del veci-
no judío y han sufrido masacres genocidas
como las matanzas de 1000 refugiados pales-
tinos en Sabra y Shatila, en 1982, a manos de
maronitas organizados en la Falange Libanesa
apoyados por Israel. Fue la venganza por el
asesinato del líder de la milicia cristiana Be-
chir Gemayel, recién elegido presidente.
La imagen distorsionada de la actividad
política de la zona proviene de la distinta con-
sideración que se vende en lo referente al uso
de la violencia. Facciones ultraortodoxas del
partido conservador israelí o los propios colo-
nos constituyen pequeños y no tan pequeños
ejércitos aunque su denominación no es te-
rrorista y no están incluidos en las listas ne-
gras aparecidas después del 11 de septiembre.
Por su parte Hezbolá sí lo está, lo que parece
algo totalmente arbitrario si nos atenemos a
la capacidad armada o la actividad ofensiva.
Por otra parte tenemos al recién asesina-
do Rafik Hariri, ex primer ministro, y repre-
sentante de la postura anti-siria, que en 2000
obtuvo un amplio respaldo popular en las elec-
ciones frente a las candidaturas pro-sirias.
Este atentado ha sido la excusa utilizada por
EEUU para exigir la retirada de las tropas si-
rias, levantando sospechas sobre su gobierno
alrededor del asesinato de Hariri. A las pocas
horas de la acción armada dimite el primer
ministro Omar Karamé, según algunos para
relajar la tensión sobrevenida. Diez días más
tarde es nombrado presidente del gobierno
por Emile Lahoud. En cualquier caso, al poco
tiempo- horas- la diplomacia estadounidense
manifestó públicamente su alegría por la re-
nuncia del mandatario libanés, tomando cla-
ro partido por una de las posibles opciones
políticas. El postulado por Washington es Wa-
lid Jumlat, hasta ahora sin muchas posibili-
dades de hacerse con el poder.
De todas formas, por el momento, la muer-
te de Hariri sólo ha provocado inestabilidad
en los gobiernos de Beirut y Damasco, ambos
nacionalistas árabes y vecinos incómodos para
el eterno aliado de Bush, Ariel Sharon. Con
ello se concluye que el único beneficiado por
el momento habría sido el gobierno de Isra-
el. Y la población teme la reaparición del fan-
tasma de 1975 y de la guerra civil. Al fin y
al cabo, como muchos han percibido, parece
haber una clara intencionalidad, un estudia-
do plan neoconservador para sustituir los go-
biernos de Afganistán, Irak, Irán, Siria,
Líbano, Arabia Saudí... Llama la atención que
quien se ha convertido en el gendarme de
Oriente Próximo, el supuesto garante de las
libertades sea la potencia que ilegítimamen-
te ocupa estados, masacra población civil y
trata de subvertir el orden establecido (en el
caso de Líbano y Siria, dos estados que apues-
tan por el laicismo en un entorno política-
mente sectarizado) estableciendo gobiernos de
corte religioso, por ejemplo Iraq, no es otro
que EEUU, en este caso con el beneplácito
servil de la ONU.
cnt
n°311 abril 2005
1
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¿Quién manda en el Líbano?
A raíz del asesinato de Rafik Hariri, ex-primer ministro libanés, los acontecimientos se
han precipitado en el país a causa de la intervención de EEUU a través de la ONU
Tras 17 años de enfrentamiento civil, jalonados con intervenciones israelíes,
estadounidenses, francesas, iraníes y sirias, además de la injerencia constante de
organismos supranacionales como la Organización para la Liberación de Palestina
(OLP) y la Organización de Naciones Unidas (ONU) la convivencia del crisol de sectas
existentes en Líbano y los intereses comerciales de diversas potencias hacen que el
conflicto parezca irresoluble. Todo ello transcurridos 59 años desde que se obtuvo la
independencia del territorio del mandato francés.
Por el momento, la muerte de Hariri sólo ha
provocado inestabilidad en los gobiernos de
Beirut y Damasco, ambos nacionalistas árabes
y vecinos incómodos para el eterno aliado
de Bush, Ariel Sharon.
Atentado en el que moría Rafik Hariri ex-primer ministro libanes.
/ AGENCIAS
Refugiados saharauis, 30 años de espera. Viaje a los
campamentos de refugiados en el desierto ............... 19
Huelga general en Francia. El país se paraliza ante la
intención de recortar la jornada laboral..................... 20
Internacional

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