M. Fernández y S. Valgañón / Redacción
En 1975, en flagrante incumplimiento de su
compromiso y de las resoluciones de la ONU, y
siendo ya Jefe de Estado el Borbón, España re-
parte el Sáhara entre Marruecos y Mauritania y
retira sus últimos soldados, abandonando a su
suerte a cientos de miles de saharauis.
Debido a la acción de la guerrilla del Polisa-
rio, Mauritania acabará retirándose en 1979 y re-
conocerá el derecho del pueblo saharaui a su
tierra. No así Marruecos, que gracias a la ayuda
externa, consigue afirmar su dominio militar so-
bre las tres cuartas partes del Sáhara obligando
al Polisario a trasladar sus bases militares a las
zonas limítrofes de Argelia y levantando un muro
de contención para evitar sus incursiones. Mien-
tras, más de 200.000 exiliados se hacinan en la
hamada, una de las zonas más duras e inhóspi-
tas del desierto.
El papel de España en el conflicto
Hace ya casi 40 años que España se comprome-
tió a celebrar un referéndum para determinar el
estatus del Sáhara Occidental, en cumplimien-
to de distintas resoluciones de Naciones Unidas
que instaban a la descolonización y reconocían
el derecho a la autodeterminación del pueblo
saharaui.
Desde entonces, y especialmente tras la ocu-
pación, el Reino de Marruecos ha impedido la ce-
lebración del referéndum basándose en
argumentos históricos y jurídicos negados rei-
teradamente por la ONU y el Tribunal Interna-
cional de Justicia. Tampoco ha cesado en enviar
sucesivas oleadas de colonos con el fin de influir
en el resultado en el hipotético caso de verse
obligado a asumirlo. Ante ello, los distintos go-
biernos españoles han preferido "mirar hacia
otro lado", eludiendo sus responsabilidades y
apoyando, progresivamente, las pretensiones
marroquíes.
Especialmente vergonzante ha sido la trai-
cionera postura del PSOE (del resto, poco se po-
día esperar). Ya en 1976 Felipe González
afirmaba, sin ningún pudor, saber que "vuestra
experiencia es la de haber recibido muchas pro-
mesas nunca cumplidas: yo quiero, (...) com-
prometerme con la Historia: nuestro partido
estará con vosotros hasta la victoria final" pa-
labras que quedarían relegadas rápidamente al
cajón de los recuerdos incómodos.
La llegada al poder de Rodríguez Zapatero,
no ha mejorado nada la situación: pese a los
cantos a una "alianza de civilizaciones" que ha
prodigado en diversos foros al otro lado del es-
trecho, en la práctica sigue no sólo practican-
do un autismo feroz en lo referente a la
responsabilidad histórica con este pueblo sino
además haciendo guiños constantes al monar-
ca alauí y practicando una política seguidista
de Francia, tradicional aliado de Marruecos en el
conflicto y con evidentes intereses económicos
en la zona.
Zona ocupada, el muro
Pese al férreo silencio informativo que impone
el gobierno de Rabat, la realidad demuestra que
las violaciones de los derechos humanos, tortu-
ras, asesinatos selectivos de presos políticos y de-
saparecidos, son constantes e impunes en los
territorios ocupados. Como muestra reciente, el
pasado 8 de marzo la policía disparaba contra una
manifestación saharaui convocada en la capital
marroquí para pedir el derecho de autodetermi-
nación y la liberación de los prisioneros políti-
cos detenidos por esa causa. Las fuentes hablan
de varias personas (7 de ellas, mujeres) heridas,
algunas de bala.
Mucho se habló en tiempos del muro de Ber-
lín, y recientemente, del levantado por Israel en
Palestina. En ambos casos la condena es prácti-
camente unánime en el autodenominado "mun-
do libre", pero, ¿quién conoce el muro levantado
por Marruecos en el Sáhara ocupado? Lo cierto
es que el muro del Sáhara tiene el dudoso mé-
rito de ser el más largo del mundo... casi 2.000
kilómetros en su último trazado. Una obra que
consiguió unir en su propósito deleznable a los
que parecían enemigos: diseñado por Israel y fi-
nanciado por Arabia Saudí, Estados Unidos faci-
litó ayuda topográfica de satélites y Francia puso
el resto para acabar de dar forma a la que es, sin
duda, una de las obras de ingeniería militar más
importantes de los últimos decenios.
El Tribunal Internacional de Justicia, el 19 de
diciembre de 2003, declaró ilegal el muro cons-
truido por Israel en Palestina. Todas las razones
utilizadas entonces por el tribunal, se pueden
aplicar al muro del Sáhara: impide la autode-
terminación, viola el Derecho Internacional hu-
manitario...
Viento y arena
Perseguidos por el napalm que arrojaba la avia-
ción marroquí, el pueblo saharaui se vio obligado
a huir al desierto argelino, donde levantaron sus
precarios campamentos. Cercanos a la frontera
entre Argelia y la zona liberada por el Polisario,
están divididos en 4 distritos. Rodeados por la
nada y acompañados del impenitente siroco o
tormenta de arena, sus habitantes han desarro-
llado una estructura igualitaria, sustituyendo a
la tribal (aunque manteniendo ciertas tradicio-
nes nómadas) por una nueva organización ba-
sada en valores personales.
La organización de los campamentos, está
prácticamente en manos de las mujeres, que es
sin duda, una de las primeras cosas que sor-
prenden al visitante, su papel preponderante en
la sociedad, algo muy caro de ver en sociedades
islámicas (bien es cierto que la religión es en-
tendida aquí de manera muy íntima y personal).
Otro dato que salta a la vista son los múltiples
problemas sanitarios que sufren los refugiados:
infecciones respiratorias, diarreas, cegueras cau-
sadas por el viento y la arena, anemia, raqui-
tismo... Para paliar en lo posible estos problemas
existe una estructura sanitaria basada en la pre-
vención y en la participación de la población
mediante los Comités de salud.
Por su parte, la alimentación depende fun-
damentalmente de la ayuda de organismos in-
ternacionales. La inexistencia de cámaras
frigoríficas hace necesaria una estructura de dis-
tribución de alimentos que gestionan los Comi-
tés de suministros. Actualmente la dieta se puede
completar con alimentos frescos gracias al de-
sarrollo de unas 70 hectáreas de cultivos hortí-
colas. Arrancar terreno cultivable al desierto es
un enorme esfuerzo y una lucha cotidiana con-
tra el siroco empeñado en destruir todo lo plan-
tado si no se toman medidas oportunas.
En cuanto a la educación, las bases se ci-
mentan en principios de autogestión, colecti-
vismo, nacionalismo e islamismo, con una
destacable revalorización del papel de la mujer
así como del tratamiento, educación y rehabili-
tación de los disminuidos físicos.
Estos rasgos, unidos a muchos otros compo-
nen una sociedad hospitalaria y extremadamente
solidaria, consciente de su situación y de la obli-
gación de seguir manteniendose como pueblo.
Bien es cierto que, como libertarios, no po-
demos dejar de observar ciertas contradicciones
que nos surgen: así, por ejemplo, los niños que
visitan España en vacaciones, escapando de tem-
peraturas de hasta 50 grados en verano, han
traído el dinero a los campamentos (casi inexis-
tente hace unos años, como pudimos compro-
bar en su día), y con él, una cierta prosperidad
dentro de la precaria supervivencia, pero tam-
bién ciertas desigualdades entre unos y otros
(eso sí, nada comparable a las que tenemos en
otras sociedades "más avanzadas"). También el
acuerdo alcanzado en 1991, que trajo la paz y
el cese del reguero de muertes que causaba el
conflicto, ha generado, a falta de una implica-
ción clara de la comunidad internacional, cier-
ta desesperanza en algunos jóvenes que ante la
falta de apoyo externo y la práctica imposibili-
dad de volver a las armas, empiezan a jugar con
la idea de emigrar (fundamentalmente a Espa-
ña, con quien todavía les unen lazos históricos
o lingüisticos). Éstos y algunos otros senti-
mientos contradictorios que nos asaltan, no en-
sombrecen nuestro respeto y solidaridad con
este pueblo. Y es que, aunque la saharaui es
una comunidad que vive esperando, parada en
el tiempo y el espacio, en una situación impo-
sible, con el futuro secuestrado, negado por Ma-
rruecos e ignorado por España, sigue
manteniendo un alto concepto de la dignidad y
la integridad.
Para los refugiados son ya 30 años de espe-
ra, pero también 30 años de esa dignidad in-
cansable en la búsqueda, no ya de la arcadia
libertaria que como anarcosindicalistas desearí-
amos, pero sí de algo tan básico y natural como
el derecho a poder decidir su propio destino.
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n°311 abril 2005
Internacional
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Perseguidos por el napalm que arrojaba la
aviación marroquí, el pueblo saharaui se vio
obligado a huir al desierto argelino, donde
levantaron sus precarios campamentos
Saharauis, 30 años de espera
Pese a las duras condiciones de vida en la hamada argelina, los campamentos de refugiados desbordan dignidad
/ BELTZA
Viajar hasta los campamentos de refugiados en la inhóspita hamada argelina es sumergirse en
otro mundo, el de la precariedad pero también el de la dignidad, es adentrarse en la situación
de un pueblo obligado al exilio que lleva 30 años esperando ser protagonista de su propio
destino. Una situación de la que los sucesivos gobiernos de España (franquistas, centristas,
socialistas o populares, tanto da) han sido, por acción u omisión, en buena parte culpables.