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CNT-Cantabria
En noviembre de 1999, la CNT de Cantabria
convocó en asamblea a los empleados de fin-
cas urbanas de Cantabria, para ofrecer su apo-
yo cara a la consecución de un convenio
colectivo para el sector. Nuestro objetivo era
el de mejorar las condiciones laborales de un
sector totalmente desorganizado, donde abun-
daban los pactos individuales entre las co-
munidades y los trabajadores. Esta situación
conllevaba una alta precariedad laboral. En-
tre finales de 1999 y principios de 2000 se re-
alizaron dos asambleas, en las cuales una gran
parte de los trabajadores, con sus firmas y
DNI, decidieron que la CNT les representase
en esa futura negociación del convenio co-
lectivo. Evidentemente esas firmas no eran
un cheque en blanco para que la CNT - como
hacen UGT y CC.OO.- firmen a sus espaldas;
sino que era una forma cara a la patronal, de
demostrar la representatividad de nuestro sin-
dicato. En esas asambleas se redactó una ta-
bla reivindicativa, la cual la CNT iba a defender
punto por punto, y nos comprometimos, por
supuesto a que antes de firmar nada se haría
una asamblea general.
El gran problema
Pero una vez conseguido el apoyo de los tra-
bajadores, la CNT se enfrenta al gran proble-
ma de este sector: La inexistencia de una
asociación empresarial con la cual negociar.
Las gestiones son múltiples. Contactos con el
Colegio de Administradores de Fincas de Can-
tabria, con la CEOE, con la Dirección General
de Trabajo, etc. Todo son buenas palabras, y
ganas de resolver el problema, pero...¿cómo un
sindicato va a organizar una asociación em-
presarial? No vamos a hablar ya de las con-
tradicciones que eso supondría; sino de que
físicamente eso era imposible. Ni siquiera la
CEOE tenía fuerza para organizar a las comu-
nidades. Y Cantabria no es Madrid o Barcelo-
na, donde existen manzanas enteras propiedad
de empresas inmobiliarias, con las cuales se
negocia en Cataluña; o en su defecto, no exis-
te en nuestra región una Cámara de la Pro-
piedad como ocurre en Madrid, la cual
representa a la parte empresarial.
En definitiva, es intentar conseguir la cua-
dratura del círculo. Aún así, recorremos las
calles de Santander portal por portal, duran-
te estos años ( 2000, 2001, 2002), entregan-
do en mano a los trabajadores información
sindical en las cuales se explicaban los pasos
que íbamos dando en cada momento, para in-
tentar resolver un problema que era práctica-
mente imposible de solucionar. E incluso
realizamos alguna asamblea informativa don-
de se ratificó el apoyo a la CNT, pero sin po-
der llegar a ningún resultado que nos
permitiese llegar a buen puerto.
Una posible vía
Era febrero de 2002, y ante este callejón sin
salida, la secretaría de jurídica de la CNT ve
una posible salida: Solicitar a la Dirección Ge-
neral de Trabajo la extensión de un convenio
de otra comunidad. La cuestión es que sólo
UGT o CC.OO. podían realizarla. Por otra par-
te, una extensión es siempre mala- pero como
dice el refrán, cuando no hay pan...
La cuestión es que nos dirigimos a la UGT
en mayo de ese año, para entrevistarnos con
ellos y exponerles es tema. Es curiosa esta
frase que comentó un dirigente de la UGT de
Cantabria, al entonces Secretario de la CNT de
Cantabria, en el primer contacto personal que
tuvimos con ellos: "No se puede hacer nada
en ese sector, no hay solución". Y remarca-
mos esta frase, porque años después se que-
rrían apuntar al carro de la victoria. Les
explicamos claramente el asunto. Nosotros te-
níamos la legitimidad real, por el apoyo de
los trabajadores, pero ellos tenían la legal para
realizar la extensión, única vía desde nuestro
punto de vista para solucionar el tema. El caso
es que no hubo ningún problema, aceptaron
nuestros argumentos y se llegó al acuerdo de
buscar el convenio mejor para los trabajado-
res, y que ellos realizarían la solicitud de ex-
tensión ante la Dirección General de Trabajo.
Dado que estaba cerca la huelga del 20-J, se
decidió aplazarlo todo hasta después de esta.
EL 16 de julio de 2002 se presentó ante esa
dirección general la solicitud de extensión del
convenio colectivo de empleados de fincas ur-
banas de Cataluña, por ser el mejor, y ese mis-
mo día se comunicó a los trabajadores que se
había iniciado el camino para llegar a nues-
tro ansiado fin.
A principios de enero de 2003 se aprueba
la extensión que tendría vigencia desde el 16
de julio de 2002 al 31 de diciembre de 2003.
Es una victoria agridulce. Por un lado se con-
sigue un convenio, pero para ser francos, eco-
nómicamente no mejora en casi nada los ba-
jos sueldos del sector, y salvo alguna mejora
en cuestiones sociales como las bajas por in-
capacidad temporal, no es un convenio que
guste a la CNT ni a los trabajadores. La comi-
sión consultiva nacional de convenios colec-
tivos, y la Dirección General de Trabajo, habían
recortado los puntos más beneficiosos del con-
venio catalán. Aunque muchos trabajadores
reconocen las ventajas de tener por fin un
convenio colectivo, y algunos se afilian, no es
la victoria que tanto anhelábamos todos. Esta
llegará dos años después.
El inicio de la solución
La extensión era un primer paso, un punto de
partida, una base; pero la CNT se exigía más.
La CNT quería un convenio digno de tal nom-
bre. Un convenio que supusiese importantes
mejoras económicas y sociales para los traba-
jadores, un convenio negociado por la CNT.
¿Pero qué hacer? Corría la primavera de 2003,
faltaban 8 meses para que acabase la exten-
sión, ¿Y después qué?, ¿otra extensión? ¿Otra
vez a esperar a que el estado nos diese limos-
nas? La situación era desesperante ¿Qué hacer?
Fruto del debate se nos ocurre una posi-
ble solución. Los administradores no son los
propietarios, pero sí son los que, a la hora de
la verdad, deciden en la mayoría de las co-
munidades. Si llegásemos a un acuerdo con
ellos, es decir, con el Colegio de Administra-
dores de Fincas de Cantabria, este podría ser
respetado por la mayoría de las comunidades.
Con tres se podría registrar una asociación
empresarial, y después los administradores se
encargarían de adherir al 50% de estas (unas
200), y ya estaría constituida una asociación
empresarial legitimada para firmar un conve-
nio. Es entonces cuando a la lechera se le cayó
el cántaro, y con ellos sus sueños de ser rica.
Corría junio de 2003, y toda esa estrategia, la
cual era muy bonita sobre el papel, era una
mera utopía. Se expuso a los trabajadores en
dos reuniones, una en junio de 2003, y otra
en septiembre del mismo año. Era una posi-
ble vía, muy difícil pero posible.
Es así como en octubre de 2003 nos diri-
gimos al Colegio de Administradores, donde
nos contestaron que tenían mucho interés en
resolver el asunto y reunirse con nosotros, y
que nos darían cita y hora. Pasaron los me-
ses, y no nos decían nada. Era enero de 2004,
y nada de nada. Pero a grandes males, gran-
des remedios: en una asamblea de conserjes
de la CNT se aprueba convocar una concen-
tración en la sede del Colegio de Administra-
dores, para que nos recibiesen. No hizo falta
ni realizarla, ya que nada más comunicar la
Delegación del Gobierno al Colegio nuestras in-
tenciones, de inmediato nos llamaron por te-
léfono. Se acordó que nos reuniésemos una
delegación del Colegio y de la CNT, el 4 de fe-
brero. El caso es que no dio tiempo a des-
convocar la concentración, y esta se realizó,
informándose a los asistentes de la situación
actual.
Por fin llegó el día y les expusimos nues-
tra estrategia, y sorprendentemente, acepta-
ron punto por punto nuestros argumentos. El
Presidente del Colegio se comprometió a cons-
tituir una asociación empresarial, a negociar
un convenio con la CNT, y a adherir a las co-
munidades que fuera necesario para poder re-
gistrar dicho convenio en la Dirección General
de Trabajo.
A partir de entonces, evidentemente hubo
dificultades razonables. Ninguna negociación
es fácil, pero se consiguieron los objetivos
principales, tras nueve meses de negociación.
El 31 de diciembre de 2004, la asamblea ge-
neral de trabajadores, ratificaba por unanimi-
dad el preacuerdo alcanzado con el Colegio, y
dedicaba unos calurosos aplausos a la CNT por
haber conseguido lo que nadie fue capaz de
hacer: Conseguir un convenio digno de tal
nombre. Por fin el 21 de marzo de 2005, la CNT
firmó el convenio.
Conclusión
Este conflicto demuestra que el anarcosindi-
calismo, es decir: La acción directa, el apoyo
mutuo, etc., es la mejor herramienta para la
defensa de los intereses de los trabajadores.
Fueron ellos, los propios empleados de fincas
urbanas quienes en todo momento decidie-
ron la estrategia sindical, e incluso negocia-
ron el convenio. Incluso el mismo hecho de
la constitución de la mesa negociadora, fue un
ejemplo de acción directa, convocando en dé-
cadas, la primer concentración de conserjes
en Santander. Una vez más en la historia, la
paciencia y la tenacidad, dan sus frutos. Cuan-
do todo estaba perdido, nosotros demostra-
mos que éramos capaces de todo. Ese es el
espíritu que hizo grande a la CNT, y por el
único camino que volverá a ser lo que fue.
Conflicto en TECDIS.
Los trabajadores aceptan un acuerdo ......................... 8
Éxito en la huelga en CATSA. Los trabajadores
apoyan las movilizaciónes ........................................... 11
Sindical-laboral
cnt
n°312 mayo 2005
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4
CNT firma el convenio de empleados
de fincas urbanas de Cantabria
Asamblea de los trabajadores de fincas urbanas de Cantabria.
/ CNT - CANTABRIA
Los empleados de fincas urbanas de Cantabria consiguen por fin un convenio digno
Este conflicto demuestra que el
anarcosindicalismo, es decir: la acción directa, el
apoyo mutuo, etc., es la mejor herramienta para la
defensa de los intereses de los trabajadores

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