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n°312 mayo 2005
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Josefa Martín Luengo
Colectivo Paideia (Mérida)
lgunos aspectos positivos de la rela-
ción entre las personas son:
- La posibilidad de que exista la
solidaridad entre las personas y
los pueblos.
- El derecho a ser tratad@s igual, con inde-
pendencia del color, religión, ideología, sexo,
género, clase social...etc.
- La libertad de decidir por nosotr@s mism@s
la vida que queremos vivir.
- La justicia que posibilita un reparto equita-
tivo de la riqueza.
- La tolerancia que nos capacita para la com-
prensión de las diversidades humanas.
- El respeto que nos debemos a nosotr@s
mism@s y todos los seres humanos y a la
naturaleza.
- La cooperación y la ayuda mutua que nos
hace aunar esfuerzos para conseguir los obje-
tivos que nos proponemos.
- El diálogo razonado que nos ayuda a resolver
nuestros conflictos interpersonales y grupa-
les de forma no violenta.
- El amor que nos evita la soledad y nos ayuda
a caminar por este mundo de forma satis-
factoria.
- La felicidad que nos proporciona la autorre-
gulación y la armonía con nosotr@s mism@s
y con l@s demás.
Los seres humanos podemos elegir muchas
cosas y otras muchas no; pero indudablemen-
te sí podemos elegir cómo queremos vivir y por
ello, vamos realizando elecciones desde que
nacemos. Nuestras elecciones, nuestra capaci-
dad de libertad de elección entra generalmen-
te en confrontación con las limitaciones que
las normas sociales nos imponen. El ser huma-
no debe mantener una lucha constante entre lo
que quiere, lo que puede y lo que debe, es decir,
entre su libertad, la libertad de l@s demás y las
coacciones que constantemente le presionan.
Educar en valores, significa, desde nuestra
perspectiva: vivir ejercitándonos en aque-
llo que consideramos valioso.
En una línea individualista, para cada persona
es valioso aquello que cree que le beneficia en
oposición a lo que le perjudica. En una línea
colectivista, social, grupal, debe ser valioso
aquello que genera el bien común.
Un centro educativo, es el lugar en donde la
infancia, la pubertad y la adolescencia han
de aprender a vivir y a recibir la cultura de
la humanidad.
El cómo se ejerciten en esa vivencia y el cómo
se les transmita esa cultura dependerá de la
ideología de las personas que se las faciliten.
Que la escuela no es ni puede ser neutra, es
algo que ya no podemos discutir, dado que cada
persona de este mundo posee una particular
manera de interpretarlo y eso, en definitiva no
es más que una ideología y con ella educamos,
es decir tratamos de transmitida a nuestro
alumnado ya que pensamos que nuestra per-
cepción es la mejor y como forma parte de
nuestra manera de ser y de pensar, lo quera-
mos o no, lo estamos constantemente proyec-
tando y exigiendo.
Sin ir más lejos, nuestra escue-
la actual es ideológica y se sus-
tenta, potencia y transmite los
valores que le pertenecen. El paramos a
pensar qué valores transmite y de ahí deducir
la ideología que sustentamos, sería un buen
ejercicio de reflexión y clarificación. Es más
valioso aceptar lo que somos y transmitimos
que transmitir sin saber qué es lo que estamos
haciendo.
Pero si por ahora, analizamos a las personas
que este sistema educativo produce, tal vez
nos pongamos en la situación de paliar algu-
nos aspectos.
La escuela tiene una estructura autoritaria con
una jerarquía muy delimitada y concreta:
Ministerio de educación que dicta las leyes,
consejo rector que las transmite y hace cum-
plir. Es por lo tanto un sistema rígido e impo-
sitivo que a través de un determinado currículo
y de normas muy estrictas proyectan unos valo-
res y una ética determinada.
¿Qué valores son los que transmite? ¿Qué
ética construye en las nuevas generaciones? Si
partimos de la máxima de que nadie enseña
nada sino que cada persona aprende lo que
quiere; el profesorado actual se encuentra bas-
tante frustrado ya que su finalidad es "enseñar"
un programa y el alumnado lo que desea es
aprender a vivir; aprende lo que le interesa,
desestima lo que se le quiere enseñar y memo-
riza -sin sentido- conceptos carentes de utili-
dad y que olvida en cuanto "puede comenzar
a vivir". Y mientras esto sucede, durante casi
dieciocho años de la vida: para un@s y una
media de casi cuarenta años para otr@s, una
estructura de piedra, verjas, puertas cerradas,
castigos, notas, horarios rígidos, programas,
exámenes, cámaras de seguridad...etc. ahogan
las ansias de vida y felicidad de un@s y otr@s.
Pasarse la vida profesional tratando de impo-
ner a la gente joven el aprendizaje de unos lar-
guísimos programas, realizando constantes y
traumáticos exámenes, aburridísimas evalua-
ciones, implacables notas, frustrantes suspen-
sos...algún que otro aprobado y pocos notables
y sobresalientes, no parece un resultado muy
gratificante para la realización personal de l@s
trabajadores de la enseñanza y la educación. No
es de extrañar el índice tan alto de profesio-
nales de este ramo que sufren depresiones u
otras psicopatologías.
Sabemos que un estado de frustración con-
tinuada ocasiona más o menos manifestaciones
de violencia y esa violencia se hace manifies-
ta en las relaciones existentes entre alumnado
y profesorado, alumnado contra alumnado, pro-
fesorado, alumnado y familias en todos en desa-
cuerdo y con finalidades e intereses diferentes.
Todo un cúmulo de realidades que consigue
que nos encontremos con unas generaciones
jóvenes desajustadas, violentas, competitivas,
discriminativas, apáticas, acríticas, apolíticas
y expresamente conservadoras. Todo ello con-
secuencia expresa del sistema educativo que
se padece.
Toda esta situación ha producido una impor-
tante crisis de valores, porque se han conside-
rado valores: el dinero y el éxito personal por
encima de los valores humanos universales. Y
la escuela se ha hecho eco de ellos y ha cola-
borado en desestimados y obviarlos, mientras
potenciaba un sistema competitivo que refor-
zaba la construcción de personalidades caren-
tes de objetivos "nobles" en sus vidas, buscando
una cotidianeidad acomodaticia, sin compro-
miso y explícitamente conservadora.
El aspecto más significativo del que adole-
ce el sistema educativo actual, es la des-
consideración que hace de la educación en
la Responsabilidad.
Responsabilidad supone la capacidad de respon-
der desde un@ mism@ a los compromisos adqui-
ridos; es decir, responder de lo que se es,
responder de lo que se hace, responder de lo que
se dice para lo cual es condición primaria que la
persona sea y se sienta autónoma, qué es lo
mismo que decir con capacidad para dar y res-
ponder a sus propias normas y directrices de vida.
La educación en la responsabilidad ha de
comenzar con los primeros años de la vida, a
la par que las criaturas comienzan su proceso
de evolución, maduración y desarrollo, una de
las primeras cosas que deben aprender es a res-
ponsabilizarse de su cuerpo (higiene), de su
salud (alimentación-movimiento-juego) y de
sus emociones (autorregulación). Aprendizajes
que no se realizan normalmente por conside-
rar que las criaturas pequeñas están totalmente
indefensas y obviando, lamentablemente, su
enorme capacidad de asimilar y realizar infini-
dad de actitudes, aptitudes y comportamientos
nuevos. A partir de estas edades, las criaturas
deben ir progresivamente determinando y asu-
miendo nuevas y complejas responsabilidades
que las convertirán en personas independien-
tes capaces de conseguir cotas cada vez más
amplias de libertad.
Libertad y responsabilidad son dos valores
que van siempre unidos, ya que de la pues-
ta en práctica de uno se genera la amplitud
del otro.
La juventud actual carece de sentido de la res-
ponsabilidad y por ello sus posibilidades de
libertad son bastante inexistentes. El carecer de
sentido de la responsabilidad, presupone que
estas personas son dependientes, sumisas,
adaptativas, egoístas, inseguras y sobre todo lo
más importante: agresivas y violentas. Ya que
el proceso natural de autonomía e indepen-
dencia que la persona requiere para desarro-
llarse y madurar se encuentra frustrado sobre
todo por la dependencia y la sumisión, lo cual
genera actitudes patológicas, potenciando una
juventud deseducada, vulnerable y de fácil con-
ducción, a no ser que tanta violencia acabe por
generar una sociedad alarmada que, con faci-
lidad, demande y justifique gobiernos totali-
tarios y tiránicos ya que cuando no se sabe ser
libre, la dependencia y la sumisión reclaman,
para su seguridad, más represión y más limi-
tación de las libertades individuales.
Seguir educando -sin valores universales-
supone condenamos a tener que padecer de
nuevo, años de oscurantismo, violencia indis-
criminada y sobre todo mucho padecimiento,
mucha tristeza y mucha ausencia de felicidad.
Josefa Martín Luengo.
Infancia en un colegio de monjas de Alicante.
Estudió magisterio y pedagogía en los sesenta
en la Universidad Pontificia de Salamanca.
Trabajó un año en un colegio religioso de pro-
tección de menores (de donde se le expulsa).
Más tarde dos años de maestra en Toro, oposi-
ta y enseña dos años en Fregenal de la Sierra
(directora interina de la Escuela Hogar
Nertóbriga), de donde la echaron las fuerzas
vivas en 1978 (tras choques al menos desde
marzo de 1977). Ese mismo año funda con dos
compañeras la Escuela Libre Paideia de Mérida
(ética anarquista). Conferencia en Móstoles en
febrero de 1994. Colabora en Cénit, cnt, Ekintza
Zuzena, Mujeres Libertarias, Palante, Revuelta,
La Samblea. Autora de La escuela de la anar-
quía (Móstoles 1993, con el colectivo Paideia),
Paideia, Escuela Libre (1999).
A
Educación en
valores
L. BUSTO
El comunismo. Texto de Jesús Lizano sobre la
"máxima aspiración de la especie humana".............. 24
Opinión

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