Manuel Buenacasa Tomeo. Un libro recupera
la figura de este militante anarcosindicalista............. 26
69 aniversario de la Revolución Social.
Corbera d'Ebre la celebra el 16 de julio ...................... 26
Cultura
cnt
n°314 julio 2005
2
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J. Blasco
E
n casa, frente al ordenador que despide
un incesante calor, y el ambiente que va
fundiendo las escasas energías que toda-
vía puedo retener, no encuentro mejor
receta para este mes que el helado.
Es falso que los italianos fuesen los inventores
de tan refrescante alimento, pero nuestra costum-
bre de intentar europeizar todo lo que llega a nues-
tras manos nos hace muchas veces desconocedores
de la verdad o nos causa confusión. Marco Polo fue
quien enseñó a los italianos la receta, conocida en
uno de sus viajes a China. Estos, a su vez, la tras-
pasaron a árabes y persas.
En la antigüedad, el hielo, para ser conservado,
se cubría de espesas camadas de paja trillada en
cuevas y hoyos. Los tiranos, y en especial Nerón,
tenían a un nutrido número de esclavos que se
encargaban de proporcionarle nieve recogida de las
cimas. Hoy en día se nos llama trabajadores a aque-
llos que trabajamos para estos tiranos.
El helado a base de leche fue descubierto por un
cocinero francés que trabajaba para la corte Real. Se
intentó que el secreto permaneciera exclusivamen-
te para el disfrute de los reyes franceses (a cambio
de una generosa propina al cocinero), pero los ven-
dedores ambulantes acabarían divulgando la rece-
ta por toda tierra que pisaban.
Fue una mujer, Nancy Jonson, quien por el año
1846 creara la primera heladera automática. Desde
ese día hasta la actualidad el helado ha variado en
formas, texturas, olores, sabores, colores y propie-
dades de una manera asombrosa, hasta convertirlo
en un alimento muy nutritivo.
HELADO DE CHOCOLATE
INGREDIENTES:
100 g de chocolate amargo
50 ml de leche
50 g de azúcar glas
200 g de nata
3 yemas
2 claras
1 cucharada de vainilla
Elaboración:
Fundir el chocolate con la leche al baño maría.
Batirlo y dejarlo enfriar.
Batir las tres yemas junto al azúcar glas.
Montar las dos claras a punto de nieve con una
cucharada de azúcar glas.
Seguidamente montar la nata junto a la cucha-
rada de vainilla.
Juntar las tres preparaciones removiendo con
energía. Congelar unas 7 horas en una cubeta
para congelador enfriada de antemano.
Se recomienda que pasadas unas horas (antes
de que el preparado llegue a congelarse del
todo) sacar el helado, batirlo y enfriarlo de
nuevo. Si repetimos la operación, introducire-
mos aire y daremos esponjosidad a la mezcla.
Otra opción es remover frecuentemente.
Germinal
A
penas hace un mes (cnt nº 313, junio
de 2005) que se comentaban en estas
mismas páginas la película que Robert
Guédiguian había realizado sobre la
figura del presidente de la República
Francesa, François Mitterand. Decía que había sido
una sorpresa, dada su trayectoria anterior, el enfo-
que que se le daba al dirigente socialista. Ahora
llega a las pantallas su anterior obra, Mi padre es
ingeniero. En esta ocasión vuelve a los caminos por
los que nos tenía acostumbrados. Con una dife-
rencia: lo que antes era frescura, provocación y
ganas de decir cosas, ahora parece como si el autor
hubiera llegado a la meta y estuviera cansado. Tras
verla se puede entender mejor el brusco giro de
Presidente Mitterand.
Como desde hace años es Arianne Ascaride quien
encarna el papel protagonista, Natacha, pediatra
comprometida que lucha por una sociedad mejor en
un barrio marsellés. Separada del amor de su vida,
Jean-Pierre Darroussin, llega un momento en el
que no puede más y entra en un estado como cata-
tónico. A partir de esta trama, Guédiguian preten-
de levantar una especie de fábula formada por
elementos de la cultura cristiana, el nacimiento de
Jesús, y las ideas revolucionarias forjadas en los
dos últimos siglos. Un puzzle que no funciona por
falta de convicción. El director no termina de cre-
erse lo que tiene entre manos (con perdón) y le falta
el pulso y la convicción necesaria para que las pie-
zas encajen.
La película transcurre por caminos trillados, con
escenas que se unen unas a otras sin vida. El resul-
tado es que se hace pesada y no llega a interesar.
Así, las deducciones y relaciones que el realizador
pretende que haga el espectador no llegan a buen
término y, por obvias, se dejan de lado y no provo-
can ninguna identificación. Mal asunto para una
película que no quiere ser un mero entretenimien-
to y pretende tener una función social, de denun-
cia y de mensaje. Lo peor que le puede pasar a Mi
padre es ingeniero es que deje indiferente, que acabe
convirtiéndose en un ejercicio de autor falto de
vida. Es lo que ocurre. ¿Qué más nos da el parale-
lismo entre la situación de José y María y la de los
jóvenes enamorados que, a pesar de la oposición de
sus familias, luchan por mantener su relación y tie-
nen un hijo que encarna la posibilidad de un futu-
ro mundo mejor?, ¿qué nos importa que Jeremías
abandone su bien remunerado y prestigioso puesto
en el ministerio de Sanidad por una consulta pediá-
trica en un barrio marginal de Marsella?
Todo tiene su fin en la vida, dicen los pesimis-
tas y muchos de quienes no nos tenemos por tales.
Este parece ser el caso de la pareja Guediguian-
Ascaride. Han llegado al agotamiento o, lo que sería
peor, han dejado de creer en los planteamientos que
inspiraban sus ya lejanas primeras películas. El
"toque" de la película sobre Mitterand nos hace
temer lo peor. Aunque insisto en que nunca hay
que dejar de ser optimista. Por eso quedémonos con
algunas situaciones de la obra que comentamos.
Con la complejidad de algunas situaciones, con el
ambiente reproducido, con la sonrisa final. Quien
tuvo, retuvo asegura el dicho. Deseamos que sea
así. A fin de cuentas el cine actual no está tan sobra-
do de autores y obras interesantes. Que uno se nos
pierda no deja de producir tristeza y rabia. Pero
tampoco es el fin del mundo. Otros vendrán. En
algún caso formado en los primeros trabajos de
Guédiguian. Siempre ha sido así. Nadie es indis-
pensable y los relevos se terminan produciendo. Por
eso si Guédiguian ha muerto, ¡Viva el nuevo
Guédiguian por venir!
Cuando los ciclos se cierran
y llega el agotamiento
cine
gastronomía
Helado de
chocolate
Mi padre es ingeniero
(Mon père est ingénieur)
Drama
Dirección:
Robert Guédiguian
Guión:
Robert Guédiguian y Jean-Louis Milesi
Interpretes:
Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin,
Gérard Meylan, Pascale Roberts, Jacques Boudet,
Pierre Banderet, Patrick Bonnel, Frédérique Bonnal
Montaje:
Bernard Sasia
Fotografía:
Rénato Berta
Música:
Arto Tunçboyaciyan
Producción:
Robert Guédiguian
Francia, 2004
1 h 30 min
En esta ocasión vuelve a los caminos por los que nos
tenía acostumbrados. Con una diferencia: lo que antes
era frescura, provocación y ganas de decir cosas, ahora
parece como si el autor hubiera llegado a la meta y
estuviera cansado
La pareja Guediguian-Ascaride han llegado al
agotamiento o, lo que sería peor, han dejado de creer en
los planteamientos que inspiraban sus ya lejanas
primeras películas