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A. Rodríguez
P
ero éstas no son ni mucho menos
todas las similitudes entre ambos
movimientos. Profunda argumen-
tación que nos recuerda los
intentos de Cesare Lombroso por
caracterizar a los anarquistas a partir de su
apariencia física, práctica que entroncará
directamente con los postulados racistas que
han marcado todo el devenir del S.XX y que,
al parecer, algunos en este S.XXI pretenden
resucitar. Lo cierto es que no sé cómo se lo
tomarían destacadas pensadoras anarquistas
como Emma Goldman, Voltairine de Cleyre,
Teresa Mañe, Luisa Capetillo, Teresa
Claramunt, Ito Noe, Louise Michel, entre
otras, eso de que los teóricos del anarquismo
a menudo llevaban barba, pues de un simple
plumazo se les ha borrado de la historia.
Sin embargo, afirmaciones de este calibre
son sólo la antesala de mayores dislates his-
tóricos. En sus comparaciones se ignora com-
pletamente lo sucedido a finales del S.XIX,
aunque eso no impedirá hacer extraños vín-
culos entre el anarquismo y los actuales
atentados, y así se cita el caso de los juicios
militares españoles contra el movimiento
libertario en un símil con la actual situación
de Guantánamo. El autor o autora de los
comentarios, si hubiera tenido un verdadero
conocimiento de los hechos, seguramente
podría haber profundizado en la compara-
ción y se hubiera percatado que las razones
que llevaron al Estado español a emplear los
juicios militares a finales del S.XIX son las
mismas que han obligado a los Estados
Unidos en la actualidad a emplear
Guantánamo como presidio: la posibilidad de
evitar la engorrosa situación de carencia de
pruebas y la presunción de inocencia,
pudiendo impunemente encarcelar y torturar
a los prisioneros.
Pero ahí no acaban las comparaciones for-
zadas. En un momento dado, se habla de
"clamor popular" como fuerza que condujo a
los gobiernos a tomar medidas contra los
anarquistas terroristas. De nuevo, se ignora
completamente el contexto histórico y la
verdadera realidad existente tras la inmensa
mayoría de esos supuestos atentados san-
guinarios e indiscriminados de los anarquis-
tas que conmovían a la opinión pública. De
manera reiterada, si se hubiera tenido unos
conocimientos más allá de simple enciclope-
dia infantil sobre los hechos narrados, se
hubiera dado cuenta de qué manera tan sen-
cilla se había manipulado a esa opinión
pública con hechos como la Mano Negra
andaluza (nadie niega en la actualidad el
carácter de montaje policial de esta supues-
ta organización criminal) o cómo las masa-
cres cometidas en nombre del anarquismo en
Francia a finales del S.XIX, tenían más que
ver con la maquinaciones de los cuerpos de
seguridad del Estado que con el propio movi-
miento libertario. Reiteradamente, esas
situaciones de clamor popular dieron lugar a
leyes de excepción como las tristemente
famosas Leyes sobre la Represión de las
Maquinaciones Anarquistas en Francia, que
sólo supusieron una mayor impunidad poli-
cial que llevó a los presidios, destierros e
incluso a la muerte, a todas aquellas perso-
nas que disentían frente el Estado, por el
simple hecho de hacerlo, ya fuera pacífica o
violentamente. A este respecto, recomenda-
ría a la persona que escribió ese editorial
que leyera el trabajo de Uri Eisenzweig,
Ficciones del anarquismo; tal vez lograría
entender cómo se manipuló a la opinión
pública en relación al anarquismo hasta el
punto de que llegara a aceptar un recorte de
sus derechos en pro de una supuesta segu-
ridad pública. Así, no hablaría de clichés
manidos, como eso de que "Sólo eran [los
anarquistas] unos visionarios que creían en
la violencia como medio para imponer su
ideología". Intencionadamente, con tal
comentario, se hace tabla rasa con toda la
ideología libertaria, con las miles de mujeres
y hombres que dedicaron toda su vida a
transformar la sociedad, el pensamiento de
las personas, a sabiendas de que ningún
cambio podía producirse sin la previa toma
de conciencia de la situación en que se vivía.
De un plumazo, borra lo que fueron la infi-
nidad de escuelas racionalistas, las prácticas
de naturismo, la lucha por el control de nata-
lidad, la ingente publicación de libros, folle-
tos y periódicos, los numerosos ateneos, las
charlas e infinidad de prácticas similares.
Todo eso no existió. Total, para la persona
que redactó el editorial, los anarquistas "tie-
nen una ideología carente de cualquier capa-
cidad de empatía" ¿Leemos bien? ¿Estamos
ante una errata o un problema con la tra-
ducción? Tiene que ser esto último pues decir
que los anarquistas carecían de empatía es
desconocer completamente qué es la anar-
quía pues si algo ha movido y mueve a los
anarquistas, es su solidaridad con los explo-
tados, con los reprimidos, con aquellos y
aquellas que sufren las disparatadas conse-
cuencias de un depredador capitalismo. Se
ignora claramente que fue eso, justamente la
empatía, lo que llevó a algunas personas a
cometer actos de justicia social individuales,
como ocurrió con el asesinato de Cánovas
del Castillo por Angiolillo en respuesta a los
asesinatos en el foso de la fortaleza de
Montjuich y la brutal represión en Cuba, o
el caso de William McKinley en los Estados
Unidos, y no una supuesta intención de
imponer a toda la sociedad la ideología liber-
taria, como se plantea en dicha editorial,
cosa que en sí misma, si fuera cierto este
planteamientos, sería una verdadera aberra-
ción de las bases del anarquismo.
Y lo más lamentable de todo es que el edi-
torial pretende ser una crítica a las medidas
represoras impuestas por los Estados frente
al terrorismo, aunque la carencia de conoci-
mientos históricos por un lado y la ausencia
de una intención de llegar al fondo de la
cuestión por otro, le ha restado toda credi-
bilidad, convirtiéndolo en un simple canto de
sirena.
Me estremece el pensar que después de
más de cien años, se puedan seguir repro-
duciendo estereotipos tan vulgares en rela-
ción al anarquismo y que puedan ser
plasmados tales disparates en las páginas de
un gran diario como es The Economist. Un
futuro muy negro nos espera a tenor del
nivel intelectual demostrado en este edito-
rial ya que indica que el Capitalismo ha
hecho muy bien su trabajo al lograr marcar
a fuego en la mente de las gentes imágenes
tan vulgares de aquellos que tienen una voz
disidente. Parece que años de pensamiento
único están dando sus frutos.
cnt
n°316 octubre 2005
Opinión
2
233
Cabalgando en la ignorancia supina
Hay cosas que por reiteradas, no nos dejan de sorprender (por no emplear otro término más gráfico aunque menos
educado). Así, pudimos de nuevo sorprendernos al leer en la sección "Revista de Prensa" de
El País del día 21 de
agosto, la traducción de un editorial del diario londinense
The Economist bajo el título "Las lecciones del anarquismo",
en donde se intenta trazar una relación directa entre la represión del movimiento anarquista a principios del S.XX con
los yihadistas actuales (empleando su propia terminología), a veces con postulados de tan hondo calado como que, y
cito textualmente, teóricos de ambos movimientos a menudo llevan barba y sus seguidores están dispuestos a tomar
el camino de las bombas.
En un momento dado, se habla de "clamor
popular" como fuerza que condujo a los gobiernos
a tomar medidas contra los anarquistas terroristas
Decir que los anarquistas carecían de empatía es
desconocer completamente qué es la anarquía
pues si algo ha movido y mueve a los anarquistas,
es su solidaridad con los explotados, con los
reprimidos, con aquellos y aquellas que sufren las
disparatadas consecuencias de un depredador
capitalismo
Los estereotipos han servido frecuentemente como excusa para perseguir al anarquismo.
Fotografía de la ficha policial de Francsico Ferrer i Guardia.

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