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gastronomía
Cultura
cnt
n°316 octubre 2005
J. Blasco
L
os seres humanos nos rodeamos de excesos: encanta
atiborrarnos de cualquier producto por el solo hecho
de la glotonería y la gula, le damos un valor excesivo
a determinados productos para no se qué disfrute, y
como no podía ser de otra manera, (para proseguir
sintiéndonos orgullosos de lo que somos) nos excedemos con los
animales por el simple goce de la diversión. Vayamos por par-
tes:
La obesidad es un mal endémico por exceso en nuestra ali-
mentación y por el tipo de vida que llevamos en este sistema con-
sumista. En lugar de saciarnos con lo estrictamente necesario,
nos empeñamos en atiborrarnos hasta llenar el estómago, en
ocasiones para sentirnos orgullosos de nuestra opulencia. No
esta de más un capricho u homenaje de vez en cuando, pero el
ritmo actual solo genera nuevas enfermedades y malestares inne-
cesarios.
Qué decir del valor al que obsequiamos a determinados pro-
ductos. El ejemplo actual y más ridículo lo encontramos en el
caviar (huevas de esturión):
Debemos pensar que nos es difícil referirnos a él por el solo
hecho que la mayoría de la población sólo hemos probado sus
sucedáneos. No en vano amplias capas de población sobreviven
bajo el umbral de la pobreza. Sin embargo, es ridículo darle tanto
valor, y más ridículo aún es pagar a esos precios astronómicos.
Su impulso viene dado por los hermanos Petrossian, quienes
durante la revolución Rusa huyeron del país y se instalaron en
Paris. Supieron popularizarlo entre los pudientes, ya que el caviar
reflejaba entre ellos símbolo de riqueza y grandiosidad.
Actualmente los herederos de estos dos hermanos controlan el
sesenta y tres por cierto del consumo mundial de caviar.
Y para terminar de poner algunos ejemplos sobre los excesos
no tenemos que irnos muy lejos: los españoles no podemos que-
darnos atrás en cuestiones como la del maltrato en que nos
empeñamos en cometer contra los animales en la llamada "fies-
ta nacional".
A las corridas de toros hemos de sumarle las tradiciones que
aún se conservan en algunos lugares como Tordesillas
(Valladolid), con la fiesta del toro de la vega, que consiste en per-
seguir con lanzas de treinta centímetros de hoja, al toro hasta
darle muerte. Aquel que lo consiga es obsequiado con el rabo,
una insignia de oro y una lanza de hierro forjado. Todo ello
envuelto en un ambiente festivo y presidido por el ayunta-
miento. Además podríamos mencionar el sufrimiento de los caba-
llos en la romería del Rocío (Huelva), los toros de fuego, las
peleas de gallos, el salto de la cabra, la suelta de vaquillas y un
largo etcétera.
Tampoco podíamos quedarnos atrás en cuanto al desperdicio
de comida, como ocurre en la popular tomatina de Buñol
(Valencia), en la que se junta en torno a una plaza un numero-
so grupo de personas para lanzarse 120.000kg de tomates o la
batalla de la uva en Pobla del Duc, en la que los presentes, al
igual que la tomatina (en este caso solo cambian los tomates por
las uvas y su cantidad), se dedican a lanzarse 20.000 Kg. Para
divertimento de los presentes.
SOPA DE CEBOLLA Y ESPINACAS
INGREDIENTES:
500 gr. de espinacas
2 cebollas
Queso rallado
Especias (al gusto)
Aceite de oliva
Sal
Rebanadas de pan
Caldo de verduras
Elaboración:
En un recipiente poner aceite y freír las especias. A conti-
nuación y junto a las especias pochar las cebollas. Una vez
pochadas las cebollas añadir las espinacas y el caldo.
Dejar cocer hasta que las espinacas se encuentren hechas.
Freír las rebanadas de pan.
Triturar todo lo dispuesto en la cazuela. Servir los compo-
nentes de la cazuela, espolvorear el queso rallado y colocar
el pan frito sobre el queso.
Germinal
T
im Burton hace películas que no
dejan indiferentes. Tanto que hasta
en La guerra de los mundos de
Spielberg hay un pequeño "home-
naje" a la pantomima que era ¡Marte
ataca! Como inquietante era la imagen del
Nueva York decimonónico de Sleepy Hollow o
conmovedora la visión de Edd Wood, "el peor
director del mundo"
. Aunque también tiene
otras que no me interesan ni mucho ni poco.
Tal como ocurre con las dos que ha hecho sobre
Batman. Ahora llega Charlie y la fábrica de cho-
colate
una nueva adaptación de la obra del
conocido escritor Roald Dahl. La anterior, lla-
mada Un mundo de fantasía (1971), fue de Mel
Stuart, también conocido por su espléndida Si
hoy es martes, esto es Bélgica
. Dahl es un autor
al que se le compara con Lewis Carrol o los her-
manos Grimm y cuya relación con el cine no es
escasa. Tanto como autor de guiones, como por
haber pasado a la gran pantalla algunas otras
de sus obras. Entre los primeros está la aven-
tura de James Bond, Sólo se vive dos veces o la
adaptación de Chitty, Chitty, bang, bang. De las
segundas tenemos Danny Campeón del mundo,
Las brujas o Matilda.
No conozco la película de Stuart que algu-
nos consideran superior a la de Burton. En cual-
quier caso de la versión de éste último me ha
interesado el descarnado retrato que hace de
ciertos modelos de la últimamente tan golpea-
da sociedad estadounidense: el triunfador y el
tele-informático-adicto. Una perspectiva que
me interesa de la película más que sus espec-
taculares decorados, su espléndida música o su
refinada utilización de las más modernas téc-
nicas. Como toda fábula, trasciende al relato
para reflejar el negativo de la sociedad en la que
está fundamentada. En ella aparecen los mode-
los positivos y los negativos. En este caso el
positivo es Charlie, el niño que vive junto a su
pobre familia pero que tiene toda la ilusión del
mundo a pesar de las penalidades que pasa.
Advirtamos de que no se trata de pedirle
peras al olmo. La película de Burton critica la
degeneración de los valores del "modo de vida
americano" que encarnan esos monstruos que
son la niña "triunfadora" y el "autista" televi-
sivo. Especialmente cruel es la de éste último.
Un, por momentos, sobreactuado Johnny Depp
no cesa de exigirle que "vocalice" porque no
se le entiende nada. De esta forma, el peque-
ño Charlie se convierte en un trasunto de cual-
quier protagonista de alguna de las veinticinco
películas de Frank Capra, el director que mejor
ha expuesto en el cine los valores éticos y
morales del "sueño americano". Ese que dice
que cualquiera puede llegar a ser presidente de
los Estados Unidos. Aunque mandato tras man-
dato se demuestre precisamente lo contrario.
Si no, fijémonos en la dinastía de Bush toda-
vía reinante.
Pero además tanto Burton como Capra son
dos realizadores que están haciendo su obra en
el contexto de grandes crisis en el corazón del
actual imperio: la depresión de finales de los
años veinte y la actual, respectivamente. Ambos
recurren, cada uno a su estilo, a levantar la
bandera de los principios sobre los que se basa
el mundo en el que viven y cuyos valores han
sido exportados a gran parte del globo. Quizás
los cada vez más desorientados súbditos nece-
siten esos mensajes. Como eran recibidas las
comedias sociales de Capra tales como Sucedió
una noche, Juan nadie o ¡Qué bello es vivir!
Como también, se pueda hacer una ambiva-
lente lectura de la película de Burton en la que
junto a la denuncia de ciertos valores, aparece
un mensaje individualista y conformista: Charlie
logra el premio y sacar de la pobreza a su fami-
lia gracias al concurso de Willy Wonka el mismo
que había despedido a su encamado abuelo para
sustituirlo por máquinas.
Sea como sea, como cualquier cuento, lo
que no es posible es despachar esta película
como una obra sólo para el público infantil, o
destacar únicamente sus aspectos formales o
característicos de los filmes de Burton: roman-
ticismo o "goticismo". Es algo más y, además,
tiene un buen pulso. Aunque como ya se ha
dicho, en mi opinión, Depp se pasa tres pue-
blos en ocasiones y llega a cansar.
¡Ah!, aprovechando que el Pisuerga pasa
por Valladolid, y ya que hablamos de valores
americanos que no deja de ser sarcástico que
la aplicación pura y descarnada de sus princi-
pios, los capitalistas, en la gestión del huracán
que ha arrasado recientemente Nueva Orleans
sea calificada de "anarquía". ¡Quien le iba a
decir a Bush y su cohorte que no es sino un
anarquista!
Cuentos para una
época de crisis
cine
Excesos
Charlie y la Fábrica de Chocolate
(Charlie and the Chocolate Factory)
Aventuras, comedia, fantasía
Dirección:
Tim Burton
Guión:
John August; basado en el libro de Roald Dahl
Interpretes:
Johnny Depp, Freddie Highmore, David
Kelly, Helena Bonham Carter, Noah Taylor, Missi
Pyle, James Fox, Deep Roy, Christopher Lee
Montaje:
Chris Lebenzon
Fotografía:
Philippe Rousselot
Música:
Danny Elfman
Producción:
Brad Grey, Richard D. Zanuck
EE.UU./Reino Unido, 2005
1 h 55 min
Como toda fábula, trasciende al relato para
reflejar el negativo de la sociedad en la que está
fundamentada

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