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Octubre 2005
VI época - Madrid
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ISSN. 1135-173X D.L.: M-36436-79
Mejor dicho, ricos y pobres: por buen
orden. El informe que publica la ONU dice
que blas 500 personas más ricas tienen
ingresos más altos que los 416 millones
de personas con ingresos más bajos (del
orden de dos euros al día). Por países,
España ocupa el puesto 21 de la lista
buena, pero no hay que tranquilizarse: en
la lista de pobres sólo tenemos el 11.
Quiere decirse que las desigualdades son
mayores; y si nos fijamos más, es el ter-
cer país con mayor paro (los otros dos:
Polonia y Eslovaquia). Nuestros ascensos
están entre las tablas de lo peor, en lo
negativo. No trato de hacer demagogia,
aunque me gusta mucho: pero sí intento
explicarme que la población mundial es el
factor decisivo que crea las peores situa-
ciones del mundo. Las guerras de Estados
Unidos y las de la Unión Europea son de
ricos contra pobres, y tratan de poner
fronteras de todas clases. Si las geográfi-
cas -Gibraltar- no bastan a la contención,
o aceptan la entrada de gente en condi-
ciones de trabajar y procrear para evitar
el envejecimiento de las poblaciones, se
hacen las guerras "contra el mal", se
inventan enormes depósitos de armas en
otros países y la capacidad hitleriana de
los tiranos: se les destruye -estamos en
vísperas del gran juicio contra Sadam
Hussein-; al mismo tiempo, nos engaña-
mos a nosotros mismos (o a los más nece-
sitados de engaño de nuestros países: los
religiosos, los mediocres, los timoratos)
diciéndo que están en marcha los gigan-
tes planes de ayuda, y que hacia 2012 se
habrá conseguido sacarles del hambre. No
es verdad, todos lo sabemos -sobre todo
los especialistas que mienten; que pre-
paran las grandes mentiras de los líderes-
y sabemos, sobre todo, que no tiene
remedio.
El gran progreso de la riqueza es cen-
trípeto. Va a acumularse en el centro y a
desposeer a los bordes. A los periféricos,
que decimos nosotros, instalándonos con
ufanía en el buen centro. Los aviones de
las Torres Gemelas, las bombas de Madrid
y las de Londres, parecen el punto máxi-
mo al que pueden llegar nuestras vícti-
mas, y sólo de tarde en tarde. Esto que
llamamos ahora terrorismo es una parte
de las revoluciones que nunca se pudie-
ron hacer, y hasta la caída de las que lle-
garon a algo. Se responde con guerras:
están perdidos. Todo lo demás con lo que
se especula, alianzas de civilizaciones,
religiones opuestas o lo que se quiera, no
son verdad: sólo hay pobres y ricos.
"Ojos que no ven, corazón que no siente",
dice el refrán.
Hay refranes para todo. Para cada cosa y
para su contrario.
Siempre recuerdo a la gente refranera que
"al que madruga Dios le ayuda", pero que "no
por mucho madrugar amanece más temprano",
y que "sobre gustos no hay nada escrito", pero
que "hay gustos que merecen palos", etcéte-
ra, etcétera.
En lo de los "ojos que no ven" también
cabe un viaje de ida y vuelta.
Ojos que no ven. Cierto. Ahí están los ojos
que no ven que en el mundo mueren de ham-
bre no sé cuántos niños (y niñas, y adultos,
y adultas) por minuto. Y los ojos que no quie-
ren ver que la culpa es nuestra, porque no
exigimos que haya un reparto racional de los
alimentos, porque haberlos haylos, y son sufi-
cientes para todos.
Y los ojos que no ven quién fabricó y quién
colocó por medio planeta las minas antiperso-
nas que siguen matando a diario por decenas,
incluso cuando ya se han perdido en el olvido
las guerras que pretendieron justificarlas.
Y...
Bah, para qué seguir recordándolo, si lo
sabemos de sobra. Todo. Todos.
Es cierto: ojos que no ven, corazones de
piedra.
Pero también es verdad lo contrario. Porque
¡qué fácil es solidarizarse con el pobre perio-
dista chino al que no dejan hablar y se resis-
te, pero qué difícil resulta respaldar al de
Segovia -digo, es un decir- que no logra que
le publiquen lo del escándalo del íntimo de su
jefe, y que se juega los garbanzos insistiendo
en que esa vergüenza hay que sacarla a la
luz, por razones de principio! ¡Y que estético
queda echarse las manos a la cabeza porque
vejan terriblemente a los detenidos en la
Cochimbamba -y vaya que sí lo hacen-, pero
qué feo, que inoportuno y qué desagradable
resulta constatar con pesadumbre que la tor-
tura sigue siendo una realidad en España, y
que está probado, y que tanto los verdugos
como las víctimas tienen nombre y apellidos!
Recordemos al superhéroe y superjuez Garzón,
capaz de escarbar en todos los crímenes de
las dictaduras sudamericanas, por remota que
fuera su comisión -a ese respecto él nunca se
olvidó de que los crímenes contra la humani-
dad jamás prescriben-, pero incapaz de recor-
dar ni un solo crimen de la dictadura
franquista, por activos que siguieran sus cul-
pables y sus cómplices.
Y es que están los ojos que no ven porque
lo que hay que ver les pilla muy lejos, pero
también los ojos que no ven porque no miran.
Porque desvían la vista.
Hay quien ignora porque no conoce y quien
se las da de ignorante porque prefiere hacer
como que no sabe.
Ojos que no ven
Javier Ortiz
Eduardo Haro Tecglen
Y es que están los ojos
que no ven porque lo
que hay que ver les
pilla muy lejos, pero
también los ojos que no
ven porque no miran
Las guerras de
Estados Unidos y las
de la Unión Europea
son de ricos contra
pobres, y tratan de
poner fronteras de
todas clases
Pobres y ricos
http://www.eduardoharotecglen.net/blog/
La chulería se paga. Si sabré yo a la altura que puede ir el cacharro por mucho que
lo diga el chivato y los manuales del protocolo de la operación. Y si no, pues la glo-
ria, el honor, y el entierro a lo grande, en un funeral de Estado, con reyes y presi-
dentes, princesas consorte, jefes de las oposiciones, saludos generales firme el
ademán, y la televisión de la Esperanza. Y la medalla en el puto féretro (como el vuelo,
que también iba de puta madre), que aunque me la pongan en la pechera no se va
a enterar ni el algodón modificado madeinbangladesch con el que fabrican los uni-
formes. Aunque cuánto más honor si me hubiera matado la prudencia de un pepi-
nazo del enemigo, que aunque la paz sea la misión, la guerra es siempre el medio,
el entretenimiento. Así que para un soldado morir en un accidente de trabajo, como
un desgraciado albañil, es siempre una muerte devaluada. Por mucho que los glo-
rificadores hablen de la patria a diez mil kilómetros de distancia y del ejército arma-
do hasta los dientes en labor de vigilancia humanitaria. Será que las oenegés, al
final, serán esto: propaganda militar y de Coronel Tapioca. Y pensar que de Manila,
mantones; peinetas, de la Puerta del Sol; de Cachemira, chales; como de Afganistán,
el opio. Para qué me apuntaría yo a esto. Toda la culpa es de los Celtas Cortos, mira
que me gustó lo de haz turismo invadiendo un país.
Jenofonte
Por un metro, el honor
la fotomatona
la fotomatona
Extraído de la página web de Javier Ortiz.
www.javierortiz.net
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