Internacional
Actualidad de la AIT. .................................................... 21
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n°323 mayo 2006
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Daniel Barret
1. Los círculos oficiales y oficialistas -con su in-
faltable periferia cortesana- han construido so-
bre el punto una "leyenda negra" poco creíble
y sin correspondencia alguna con lo que se co-
noce del movimiento anarquista internacional
de aquí, de allá y de acullá. Esa "leyenda ne-
gra" no conoce desmayos y nace prácticamen-
te con la revolución misma; momento en el
que se genera, bajo los auspicios de la corriente
hegemónica, una tradición según la cual los
anarquistas cubanos serían una, o más de una,
de tres, y sólo tres, cosas posibles: en primer
lugar, criaturas altamente sugestionables y sin
ideas propias que sucumbieron ideológicamente
bajo los irresistibles encantos del "pensamien-
to único" isleño en formación; y/o, en segun-
do término, los últimos ejemplares de una
especie en extinción, ausentes, desconocidos,
irrelevantes y quizás inexistentes; y/o, por úl-
timo, sujetos decididamente ubicados en el
campo de la "contra-revolución" y que, en tan-
to tales, fueron barridos por la historia subsi-
guiente. Cada una de esas "exploraciones"
conduce a una misma e inevitable conclusión:
en el proceso cubano de cambios no se habría
presentado en ningún momento una corriente
definida de pensamiento y acción que inter-
pretara y expresara a su modo un recorrido re-
volucionario, socialista y libertario y que
representara, aunque en forma modesta y mi-
noritaria, una alternativa reconocible, admiti-
da y respetada como tal; esa corriente no habría
sido necesaria ni pertinente en los mitificados
tiempos fundacionales y, por extensión mecá-
nica, tampoco lo sería ahora, medio siglo des-
pués. Así, la "leyenda negra" acaba siendo
perfectamente funcional al discurso del poder
político centralizado y de su partido único, mo-
nopólico y excluyente. La "leyenda negra", por
tanto, no es más que una creación ficcional, a
tientas y a locas, que purga la historia real de
sus complejidades, sinuosidades y variantes po-
sibles; que acompaña y justifica -entre los ful-
gores rutilantes de operaciones supuestamente
intelectuales- lo que no es más que una inter-
vención quirúrgica de extirpación: la represión
y la supresión de lo incontrolable, lo incom-
prensible, lo molesto y lo distinto.
Esa "leyenda negra" tuvo su momento de
mayor gloria y su máxima fuerza de irradia-
ción hacia fines de 1961. En esa fecha, Manuel
Gaona Sousa, miembro del secretariado de re-
laciones de la Asociación Libertaria de Cuba,
redacta y firma -junto con cinco anarquistas re-
conocidos y otras 16 personas que ninguna
vinculación tenían con dicha organización- un
documento llamado "Una aclaración y una de-
claración de los libertarios cubanos". Allí, Ga-
ona intenta, contra toda lógica y con un sentido
excepcional del humor negro, asimilar las orien-
taciones del gobierno cubano y las centenarias
posiciones anarquistas; sentenciando, por aña-
didura, que aquellos libertarios que no lo se-
cundaran no eran más que "agentes del
imperialismo". Sea como sea, lo cierto es que,
por la propia posición de Gaona en la Asocia-
ción Libertaria de Cuba, su declaración tiene
una amplísima difusión internacional y provo-
ca un zafarrancho ideológico-político de con-
siderables proporciones que se extiende durante
casi toda la década de los 60. Nadie creyó, por
cierto, que Fidel Castro pudiera ser algo así
como el eximio auriga del carro de la anarquía;
pero sí se supuso, por parte de no pocas agru-
paciones anarquistas, que aquel proceso de
cambios todavía incipiente podía acunar pers-
pectivas libertarias no entre los libertarios mis-
mos sino casualmente entre quienes no se
reconocían como tales.
Los anarquistas cubanos -es decir; no Gao-
na sino los anarquistas de tomo y lomo- vi-
vieron a partir de allí años extremadamente
duros: perseguidos internamente por su indo-
cilidad y su independencia de criterios, se en-
contraron con la desagradable sorpresa de que,
en el ancho mundo, un sector importante del
movimiento al que pertenecían les daba la es-
palda; y, aunque no todos los trataran como
"agentes del imperialismo", lo menos que se su-
ponía de ellos era que se habían vuelto inca-
paces de apreciar las posibilidades
emancipatorias e incluso libertarias que se abrí-
an en la Cuba de los años 60 y, por lo tanto,
perdido también la brújula de la revolución.
Muchos de ellos marcharon hacia el exilio, al-
gunos fueron eliminados sumariamente y otros
tantos vieron pudrir sus huesos entre rejas al
compás de una extendida indiferencia. Quie-
nes obligados por las circunstancias constitu-
yeron, en el mismo año de 1961 y en la ciudad
de Nueva York, el Movimiento Libertario Cu-
bano en el Exilio (MLCE; hoy simplemente MLC)
se volvieron desde entonces los destinatarios
casi exclusivos de la "leyenda negra". Una "le-
yenda negra" extremadamente persistente; que
se tornó maltrecha, desvencijada e insosteni-
ble con el correr del tiempo, pero que, aun
así, no deja de producir exabruptos cada vez
más pobres y que apenas ayer acaba de obse-
quiarnos con un ínfimo y supernumerario li-
belo: "¿Libertarios en Cuba? Las páginas web
sobre Cuba no dejan de deparar sorpresas" de
J. Vallés (publicado el 15 de marzo en el blog
perspectivas.wordpress.com/tag/cuba/ y, si-
multáneamente, en La Haine y en Rebelión).
2. No parece que el MLC y el obsesionada-
mente aludido Frank Fernández se tomen la
molestia de responder a las destempladas mu-
niciones de Vallés; y, en efecto, parece pru-
dente y razonable de su parte no distraer en
tan poca cosa sus reflexiones colectivas e in-
dividuales, respectivamente. Sin embargo, nues-
tro tiempo personal se regula según un plan
diferente y sí nos permitiremos ocupar breve y
circunstancialmente el lugar vacante.
Hay que decir, entonces, a punto de parti-
da y deteniéndonos de momento en cuestiones
exclusivamente metodológicas, que Vallés es
un maestro en el arte del birlibirloque y un
verdadero prodigio literario. Por lo pronto, es
necesario reparar en su capacidad de seduc-
ción puesta de manifiesto a través de un títu-
lo en el que se realiza una pregunta que no da
demasiado lugar a dobles interpretaciones y en
cuya respuesta será él mismo quien muestre
luego el más completo desinterés, pues sobre
el enigma inicial no hay ni tan siquiera el más
mínimo asomo de conclusión, replanteo o
puesta a punto. Pero, para ello, lejos está
Vallés de cometer la torpeza de recono-
cerlo sino que luego no hará otra cosa
que explayarse como al descuido a
partir de una triple sinécdoque
expositiva, tomando sucesivas
partes en lugar del todo que
las precede: el total de los li-
bertarios en Cuba y fuera
de ella será sustituido por
el MLC, el MLC por
Frank Fernández y
Frank Fernández casi
enteramente por
una entrevista
del año 2004
originalmente publicada en el periódico de la
CNT española. Y, para rematar su inventiva y
su genialidad, Vallés nos demuestra larga y ro-
tundamente que también es capaz de disponer
citas reales de dicho reportaje haciéndoles de-
cir aproximadamente lo contrario de lo que ori-
ginalmente decían. Vallés no demostrará
absolutamente nada pero su vocación calum-
niadora tiene un despliegue -lo reconocemos sin
pudores- ¡sencillamente magistral! Vale la pena,
por lo tanto, seguir detenidamente el mismo y
poner en evidencia los escamoteos y sustrac-
ciones que tan hábilmente practica Vallés.
Digamos antes que Vallés es, además de ma-
gistral, una persona honesta. Seguramente por
eso es que nos anuncia sinceramente que "con
tiempo y con ganas se podría debatir de ideo-
logía y de las cuestiones que plantean". O sea:
Vallés no nos engaña y nos advierte que no
tiene ni tiempo ni ganas de debatir los temas
más importantes sino apenas poner sobre el
tapete no sus propias carencias sino la falta de
"honestidad intelectual" de los demás y muy
especialmente de Frank Fernández, constitui-
do como el blanco preferido de sus descargas.
Para nosotros, es de lamentar que Vallés sea
tan ahorrativo con su talento y no nos dé tan
maravillosa oportunidad, aunque no por ello de-
jaremos de perseverar en nuestro asunto con-
fiando en que un futuro difícilmente precisa-
ble nos habrá de deparar la suerte de una dis-
cusión de la que ahora no podremos disfrutar.
3. Vallés comienza diciendo -y para ello pa-
rece manejarse con los contenidos de la pági-
na web del Movimiento Libertario Cubano- que
"supuestamente" existiría un movimiento anar-
quista en Cuba y que éste estaría "agrupado
en el denominado MLC". Pues bien; de guiar-
nos por las apariencias, Vallés es muy proba-
blemente una persona extraordinariamente
ocupada que no le dedica demasiado tiempo a
la lectura y no se ha enterado que el MLC no
se ubica "en" Cuba sino expresamente "fuera"
de la isla.
Así, en el apartado "Quiénes somos" de su
página web (www.movimientolibertariocuba-
no.org), el MLC se reconoce como "una red de
colectivos e individuos con secciones en dife-
rentes ciudades del mundo, que intenta una
coordinación más efectiva entre las distintas co-
rrientes que hoy conforman el anarquismo cu-
bano"; es decir, salvo mejor opinión, no el
anarquismo dentro de Cuba sino el anarquismo
de los cubanos. Aclarando además que ello se
hace de tal modo sin pretender "acaparar o ad-
judicarse la representación" respectiva. Por aña-
didura, y por si existiera alguna duda, en las
conclusiones de la "Declaración de principios"
se insiste: "estimamos necesario cerrar filas
contra el despotismo totalitario que padece
Cuba, tanto con los compañeros en la isla como
con los anarquistas en el resto del mundo". Por
lo tanto, no se entiende muy bien por qué ex-
traña confusión el MLC se sentiría obligado a
manifestar su solidaridad con los compañeros
que residen en Cuba si dicho agrupamiento in-
La "leyenda negra" de los anarquistas
cubanos: un ataque más y van...
Es probable que no haya demasiadas ni demasiado razonables dudas en cuanto a que la trayectoria del
movimiento anarquista cubano, por lo menos desde los años 50 del siglo pasado hasta nuestros días, se
ha transformado en una de las mayores intrigas y controversias en la historiografía de la isla caribeña.
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La "leyenda negra", por tanto, no es más que una
creación ficcional, a tientas y a locas, que purga la
historia real de sus complejidades, sinuosidades y
variantes posibles
Frank Fernández, miembro del Movimiento Libertario Cubano en el Exilio (MLCE).